Extrañamente han comenzado a salir tímidamente, pero por todas partes y en cualquier grupo humano, buscadores de horizontes limpios, amplios, de valores no perecederos, de una vida con corazón. Y qué sorpresa, se apartan de la ruidosa, luminosa y mentirosa civilización del consumo y del placer, para encontrarse consigo mismos, y encontrar respuestas que dan paz y felicidad en el encuentro con lo trascendental, con Dios. Los caminos son siempre los mismos, contemplación soledad, ya sea dentro de una gran ciudad, como apartándose a lugares remotos, solos como eremitas urbanos o como los antiguos eremitas en medio de la naturaleza. Otro camino, los monasterios de distintos carismas, pero con lo mismo en común, la Alabanza Divina, el trabajo, la oración, el silencio y la soledad.Mientras se vacían las casas de religiosos de vida activa y los seminarios diocesanos, se llenan monasterios femeninos o masculinos que se han mantenido en plena fidelidad al carisma de sus Fundadores y a la vida litúrgica y normas de la Iglesia. Muchos a nivel personal o familiar optan en sus tiempos libres por compartir unos días con comunidades contemplativos, ¿qué podrán buscar allí? ¿qué esperan encontrar? ¿cuál es la clave de su gozo por este tipo de experiencia? ¿por qué se "enganchan" y vuelven una y otra vez? ¿por qué se comprometen a formar parte de la manera que cada Orden les ofrece, de ese carisma, sintiéndose parte de esa familia religiosa? ¿cómo es posible que estas Órdenes mantengan sus noviciados abiertos y con el gozo de la constancia de los ingresos de jóvenes y de otras edades para vivir una vida contemplativa, mientras cada día se secan más los caminos planteados como los más modernos y abiertos al mundo de hoy , que abandonando carismas institucionales, prácticas de vida y hábito y que a lo humano parecería más fácil para conseguir vocaciones, por el contrario, van cerrando casa por casa y envejecen sin esperanzas de dejar nada tras de sí...? Cuando un buscador constante y sincero de los caminos de Dios se encuentra ante las posibilidades que se le ofrecen, comprende que lo fácil, lo novedoso, lo que vive al ritmo del espíritu mundano, cuando se destierra el sacrificio y el misterio del encuentro con Dios; tiene muy clara su elección, porque lo que se juega no son unos años, sino la Eternidad y no errar en lo que agrada al Señor, no importa lo que agrade a los hombres, sino a Dios.Trataremos de seguir paso a paso los caminos de la contemplación y el eremitismo, para que los conozcáis y podáis saber qué quiere Dios para ti.


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