Octava de Pascua: Tiempo lleno de gozo y esperanza para el creyente. Cristo ha cargado con las culpas del mundo para que fueran perdonadas y volviéramos a ser hijos del Padre. Nos ha regalado una vida nueva, pero el pesimismo y la desilusión en la que vive el mundo de hoy por los fracasos en su confianza puesta en la economía, el progreso de la gran utopía europea, una comunidad de mercaderes sin corazón, una política que llena de desconfianza al pueblo debido a la corrupción que sale como las setas en el otoño, llevan a un estado de falta de interés, de credibilidad, de proyectos de futuro..., todo porque hemos puesto la confianza sólo en el hombre y nos hemos olvidado que todos los hombres somos iguales, falibles, corruptibles, débiles, no tienen las respuestas ni soluciones aunque aparecen con prepotencia y dando la apariencia de semi-dioses. Pero si ponemos nuestra fe en el Señor, tendremos paz, tendremos esperanza, nos sentiremos amados, escuchados y nuncaa nos abandonará porque nos ama y somos sus hijos, a los cuales conoce muy bien y está siempre dispuesto a la Misericordia, al perdón. Es el eterno Padre del hijo pródigo, en constante y amorosa espera de un gesto de arrepentimiento del hijo para abrir sus brazos y su corazón. La Pascua es una proclamación del mensaje de que sólo Dios no falla, sólo Él tiene Palabras de Vida Eterna y que como decía Santa Teresa: "quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta".
Felices Pascuas hermanos, pero no como un tópico que se repite cada Pascua, sino porque somos unos bienaventurados llenos de la gracia y la generosidad de un Redentor que ha pagado nuestra deuda y nos ha hecho libres y capaces del amor y del bien. Qué alegría ver nuestra nueva realidad gracias a Cristo, nuestro Salvador. Hemos dejado atrás la terrible carga de nuestras culpas, porque Él nos ha hecho renacer por el agua y la sangre que brotaron de su costado y que nos manifiesta de manera especial en la devoción a su Divina Misericordia, que nos trajo como inapreciable regalo el Papa Juan Pablo II, desde su nativa Polonia.
Nos ha abierto nuevos caminos de comprensión del gran Amor Misericordioso del Señor, que está dispuesto a darnos su perdón si aprovechamos su revelación a Santa Faustina, religiosa polaca.
El Domingo posterior al Domingo de Pascua. se ha dedicado a celebrar esa fiesta de la Divina Misericordia,
si no la conoces, es tu oportunidad de buscar información sobre este maravilloso camino del Amor Misericordioso sin límites que se abre ante nosotros, frágiles y pobres pecadores, necesitados de una constante ayuda, perdón y renovación interior...
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