19 abril 2013

DOMINGO IV DE PASCUA - DEL BUEN PASTOR


Queridos Hermanos, Seguimos celebrando la Pascua del Señor. Ya estamos en el cuarto Domin-
go. Todos los años, en este ‘Día del Señor’, se lee una tercera parte del capítulo X del Evangelio
de Juan. Todo el capítulo nos habla de Jesús que se presenta como el “Buen Pastor” de las ove-jas. Por eso, hoy, es el “Domingo del Buen Pastor”. Este año, Ciclo ‘C’, tenemos la última parte.

   Hoy puedo ofrecerles una “Joya” que nos dejó el Papa Benedicto XVI. Ya, les he dicho, en otra circunstancia, que para algunos acontecimientos particulares, enviaba un Mensaje a la Iglesia y lo hacía anticipadamente. El presente ha sido enviado antes de su renuncia.

Queridos hermanos y hermanas: Con motivo de la 50 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 21 de abril de 2013, cuarto domingo de Pascua, quisiera invitaros a reflexionar sobre el tema: «Las vocaciones signo de la esperanza fundada sobre la fe», que se inscribe perfectamente en el contexto del Año de la Fe y en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. El siervo de Dios Pablo VI, durante la Asamblea conciliar, instituyó esta Jornada de invocación unánime a Dios Padre para que continúe enviando obreros a su Iglesia. «El problema del número suficiente de sacerdotes –subrayó entonces el Pontífice– afecta de cerca a todos los fieles, no sólo porque de él depende el futuro religioso de la sociedad cristiana, sino también porque es te problema es el índice justo e inexorable de la vitalidad de fe y amor de cada comunidad parroquial y diocesana, y testimonio de la salud moral de las familias cristianas. Donde son numerosas las vocaciones al estado eclesiástico y religioso, se vive generosamente de acuerdo con el Evangelio» (Pablo VI)

En estos decenios, las diversas comunidades eclesiales extendidas por todo el mundo se han encontrado espiritualmente unidas cada año, en el cuarto domingo de Pascua, para implorar a Dios el don de santas vocaciones y proponer a la reflexión común la urgencia de la respuesta a la llamada divina. Esta significativa cita anual ha favorecido, en efecto, un fuerte empeño por situar cada vez más en el centro de la espiritualidad, de la acción pastoral y de la oración de los fieles, la importancia de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

La esperanza es espera de algo positivo para el futuro, pero que, al mismo tiempo, sostiene nuestro presente, marcado frecuentemente por insatisfacciones y fracasos. ¿Dónde se funda nuestra esperan za? Contemplando la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento, vemos cómo, también en los momentos de mayor dificultad como los del Exilio, aparece un elemento constante, subrayado particularmente por los profetas: la memoria de las promesas hechas por Dios a los Patriarcas; memoria que lleva a imitar la actitud ejemplar de Abrahán, el cual, recuerda el Apóstol Pablo, «apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: Así será tu descendencia» (Rm 4,18). Una verdad consoladora e iluminante que sobresale a lo largo de toda la historia de la salvación es, por tanto, la fidelidad de Dios a la alianza, a la cual se ha comprometido y que ha renovado cada vez que el hombre la ha quebrantado con la infidelidad y con el pecado, desde el tiempo del diluvio (Gn 8,21-22), al del éxodo y el camino por el desierto (Dt 9,7); fidelidad de Dios que ha venido a sellar la nueva y eterna alianza con el hombre, mediante la sangre de su Hijo, muerto y resucitado para nuestra salvación.

En todo momento, sobre todo en aquellos más difíciles, la fidelidad del Señor, auténtica fuerza motriz de la historia de la salvación, es la que siempre hace vibrar los corazones de los hombres, confirmándolos en la esperanza de alcanzar un día la «Tierra prometida». 

El Domingo del Buen Pastor



(Tomado de Betania.es):



La figura del pastor, sacada de las imágenes de la sociedad agrícola y ganadera en la que vivió Jesús hoy nos puede decir poco. Sin embargo, la Iglesia ha mantenido la idea de Buen y Único Pastor que dirige y guarda a un solo rebaño: la Iglesia por Él fundada. Tenemos ese Buen Pastor y lo que haría falta es que todas las Iglesias convergieran en un solo Rebaño, el Rebaño de Jesús de Nazaret…que algún día llegará.

La Jornada de las Vocaciones
La iglesia universal celebra en este Cuarto Domingo de Pascua la jornada pontificia por las vocaciones en la Iglesia. Y hemos de elevar nuestras oraciones para que el deseo de ser sacerdote, religiosa o religioso, fraile o monja llene el ánimo de muchos jóvenes y así entregarse el servicio de Jesús y de los hermanos. Hemos de ser coherentes que esa necesidad que tiene la Iglesia y mostrar nuestra máxima dedicación y generosidad.




1.- El relato de los Hechos de los Apóstoles, que es nuestra primera lectura de hoy, pega un salto histórico grande y de los primeros trabajos de los apóstoles en el Jerusalén de los tiempos cercanos a la Resurrección nos lleva a las primeras predicaciones hechas por Pablo y Bernabé en las sinagogas de Asia Menor. Pronto comenzara la expansión del Evangelio a los gentiles.
S.- El Salmo 99 es un himno de alabanza al Señor que marca que el pueblo de Israel es de su propiedad. Hay asimismo un versículo que expresa la pertenencia al rebaño de Dios que es tanto como exhibir esa propiedad a la que aludíamos. Pero, por otro lado, se enmarca en los salmos que ilustran los tres ciclos de este cuarto domingo de Pascua y que proclaman al Señor Jesús como el Buen Pastor.
2.- Seguimos proclamando como segunda lectura los diferentes fragmentos del Libro del Apocalipsis. En el caso de hoy, y dentro de los textos que proclaman a Jesús como el Buen Pastor, se proclama que el Cordero será al Pastor de todos y que nos conducirá a fuentes de aguas vivas.
3.- Asimismo, continuamos con la lectura del Evangelio de Juan. El fragmento de hoy es muy breve y expresa la proclamación de Jesús como Pastor eterno que conduce a sus amigos a la felicidad eterna.

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