12 abril 2013

SE ACERCA MAYO, MES DE LA VIRGEN, MES DEL SANTUARIO DE VALDEJIMENA

Queremos acercar a nuestros lectores a la historia, buscando en escritos de antepasados, para conocer el significado y grandeza de la devoción a María en este Santuario. Lugar de Misericordia, de Paz, de salud de alma y cuerpo, regalo en el silencio y soledad de encuentros desde la Fe con el Señor, para resucitar como una nueva Pascua a una vida nueva.



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Tomado de "Cristo Amigo".


Una invitación a todos los que aún no han visitado
el Santuario. Vengan con la certeza de un encuentro
querido por la Virgen, en un lugar  escogido por Ella
misteriosamente en un lugar solitario y al final de la
provincia de Salamanca en el límite con la de Ávila en
un término llamado Horcajo.  Encontraréis las res-
puestas en vuestra visita, es una Presencia de Miseri-
cordia, de Perdón, de Amor de Madre para los más
necesitados en un lugar que quiso santificar y puri-
ficar para  convertirlo en lugar de renovación
interior y de respuesta a la vocación personal dentro
de las confusiones de nuestra vida.
No olvidarán nunca su visita y su exeriencia al visi-
tar el camerín de la Virgen y ponerse bajo su manto.

De un monje ermitaño.

Ntra. Sra. de Valdejimena -  (Salamanca)

27 de Mayo
Nos ponemos en marcha en dirección a Piedrahita, en medio de las dehesas salmantinas, y a medida que nos acercamos al Santuario de Nuestra Señora la Virgen de Valdejimena, vamos recitando estos versos de los devotos que, con ocasión de cualquier fiesta, petición, promesa o Novena: «De oro tiene la corona/ de plata la media luna:/ como eres Madre de Dios/ no tienes falta ninguna». El reconocimiento de la condición de Inmaculada de la Virgen y a la vez de ser Ella dechado de toda perfección es una de las primeras lecciones que percibe el devoto cuando visita el Santuario. Ve a la Virgen y le reza.
El lugar no puede ser mas bello Se encuentran muy cerca las estribaciones montañosas de las Serrota o Alto de la Once, la Sierra de Pedrahita, las nieves de las Sierras de Gredos y, al Ponierte, el picacho hombrón y sagrado de la Peña de Francia. El Valle se conoce como de Jimena y algunos aseguran que está relacionado con doña Jímena, la esposa del Cid Campeador. El santuario está enclavado en medio de una dehesa de viejas encinas y el paisaje tiene las connotaciones salmantinas más preclaras y específicas del campo charro. En la historia del santuario han sido muchos los papas que enriquecieron su devoción con toda clase de gracias e indulgencias. Puede decirse que esta advocación de la Virgen llego a ser una de las más conocidas tanto en el oeste español como en Portugal. Tanto los documentos, aunque en retazos incompletos que se conservan como las tradiciones orales y escritas coinciden en ofrecer una versión similar de los hechos en relación con la aparición de la imagen de Virgen en estos lugares.

En una dehesa salmantina  era explicable que el protagonista tuviera que ver con los toros. Era vaquero y respondía al nombre de Juan Zaleas. Testigos de su vida y milagros aseguran que su vacada era una de las más bravas del campo cercano a los encinares de Horcajo Medianero. El toro «romo» era un fiero ejemplar. Y un día Juan Zaleas vio que este animal se hallaba mansamente echado junto a una encina y, antes de acercarse a él, descubrió unos resplandores que surgían de sus ramas y en el hueco de su tronco halló la imagen de la Virgen. Comunicada la noticia a sus compañeros, antes de marchar al pueblo para hacerla pública, se cuidó de colocar una piedra en la encina para indicar su ubicación. Cuando el cortejo se acercó a la dehesa, todos decidieron que la encina sobre la que se hallaba la imagen de la Virgen habría de llamarse «Encina de los Remedios». Juan Zaleas fue el encargado de tomar la imagen en sus brazos y, al desprenderla de la encina, vio a los pies de la imagen un pergamino. Al llegar a Horcajo y colocarla en lo más sagrado del altar, se leyó el pergamino que decía: «la Virgen será patrona y abogada contra la rabia». 
También decía que le fuera levantado un templo en el lugar de su aparición. Fueron muchos los que contribuyeron a la construcción del templo. Hoy sabemos que uno de ellos, don Diego, era el dueño de las vacas y amo, por tanto, de nuestro vaquero. La tradición sigue contando que al día siguiente la imagen se trasladó por au propia virtud al hueco de la encina. El cronista advierte que la última autoridad en llegar fue el obispo de Salamanca «cabalgando en una mula». Conocedor del latín, el obispo releyó el pergamino y descubrió que en el mensaje de la Virgen se indica que la ermita debía surgir donde se hallaba la encina y que «la imagen habría de colocarse sirviendo esta de peana». En esta oportunidad, y desde la generosidad pontifical, el obispo se hizo cargo de la terminación de la obra «hasta su remate».
En cierta ocasión el gobernador de Salamanca no quiso consentir que la imagen pudiera permanecer en tan solitario monte y mandó que fuera llevada a la ciudad. Huelga decir que los vecinos de Horcajo se confabularon entre sí para impedirlo. En el Tribunal de Valladolid se sustanció el pleito a favor de Horcajo. Una y otra vez el santuario sufrió las consecuencias del fuego, pero siempre resurgió gracias a las ayudas prestadas por quienes habían sido curados de rabia. Por el color de sus manos y rostro, la Virgen es también conocida como «Virgen Blanca».

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