22 mayo 2015

CAMINANDO HACIA PENTECOSTÉS GUIADOS POR LA VIRGEN MARÍA-- DÍA 22 DE MAYO DE 2015

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LA PROMESA DEL ESPÍRITU, LA NUBE Y LA SOMBRA. La primera palabra del ángel a María es una invitación a la alegría porque ha sido agraciada y porque el señor está en ella: «Alégrate agraciada, el Señor está contigo». La segunda es una confirmación de lo anterior, una invitación a la confianza y una presentación del plan de Dios: «No temas, porque has sido agraciada por Dios; concebirás en tu seno...». La tercera es la explicación de cómo se realizará lo anunciado: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra».

Cuando Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, Dios acompañaba al pueblo en su caminar hacia la tierra prometida, haciéndose presente en una nube que les cubría con su sombra y les indicaba cuándo debían ponerse en camino y dónde establecer el campamento. Además, la nube descendía sobre el Arca de la Alianza, para indicar la presencia de la Gloria de Dios en medio del pueblo: «La gloria de Dios descendió sobre el Sinaí y la nube lo cubrió durante seis días...» (Ex 24, 15-18); «Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro, porque la nube la cubría con su sombra y la gloria de Dios llenaba la Morada...» (Ex 40, 34-38); «La nube cubrió la Morada...» (Nm 9, 15-23); «La nube cubrió la Casa de YHWH y los sacerdotes no pudieron continuar en su servicio porque la gloria de YHWH llenaba el Templo» (1Re 8, 10-11 y 2 Cr 5, 14), etc. Israel identificará esa presencia misteriosa de Dios en la nube, guiando al pueblo, con el Espíritu Santo. Cuando Isaías comenta el tema, dice: «El Espíritu del Señor los condujo» (63, 14). Todas estas ideas confluyen en María y la unión nube-Gloria-presencia de Dios-Espíritu Santo continuará a lo largo del Nuevo Testamento. Baste el texto de la Transfiguración, como muestra (Lc 9, 34).
 
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4- EL ESPÍRITU SANTO DESCIENDE SOBRE MARÍA PARA HACER UNA CREACIÓN NUEVA. El Espíritu creador, que al principio se cernía sobre las aguas (Gn 1, 2), que mantiene todo en la existencia y que los Profetas anunciaron que «descendería del alto» para hacer una nueva creación (Is 32, 15-20; 44, 1-5; Ez 37, 1-14, etc.), viene ahora sobre María. Lo mismo que su «descenso» sobre la tierra hizo posible la Creación, su descenso sobre María realizará ahora la nueva Creación que anunciaban los Profetas, llevará a plenitud la obra de Dios.

Este Espíritu Creador crea la humanidad de Jesús: «Concebirás un hijo» (Lc 1, 31). De alguna manera, se habla ya de la Iglesia, al afirmar el ángel: «Reinará para siempre sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin» (Lc 1, 33). Aquí se anuncia el pueblo sobre el que reinará Jesús, y que surgirá por obra del Espíritu. Jesús promete ese Espíritu a los discípulos antes de volver al Padre (Hch 1, 8). Su plena donación a la Iglesia se realizarán cuando «descienda» sobre los creyentes en Pentecostés (Hch 2, 1ss).

La genealogía de Jesús (Lc 3, 23-38) asciende desde él hasta «Set, hijo de Adán, hijo de Dios», presentándolo como el definitivo Adán, que renueva toda la Creación y la da cumplimiento. Al inicio, el Espíritu situado sobre las aguas (Gn 1, 2) hizo posible la Creación. Ahora, ese Espíritu que desciende sobre María lleva a plenitud su obra en la Encarnación del Verbo.
 
 
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María se presenta como la tierra fértil de donde brota el Salvador, según lo anunciado por Isaías: «Destilad, cielos, como rocío de lo alto; derramad, nubes, la victoria; ábrase la tierra y produzca al Salvador; que germine en ella la justicia» (Is 45, 8). La tierra no puede germinar si no recibe la semilla y la lluvia. La humanidad tampoco puede producir por sí misma al Mesías. El Espíritu que desciende sobre María fecunda en ella la semilla (el Verbo) que él mismo ha colocado. Notemos que no es el mismo caso que en la procreación humana, donde el hijo es el fruto de la unión de una célula masculina y una femenina. El Espíritu no actúa como Padre de Jesús, sino que hace posible que el eterno Verbo de Dios se encarne en el vientre de María. (De ahí lo impropio de hablar de María como esposa del Espíritu Santo; siendo más correcto hablar de «pneumatófora», «portadora del Espíritu», «transparencia del Espíritu», etc., como hacen los cristianos orientales).
 
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