LA DOCTRINA PATRÍSTICA SOBRE EL SACERDOCIO DE CRISTO
Lo propio de un sacerdote es ofrecer sacrificios y de esa manera hacer de mediador entre lo divino y lo humano . En este sentido, Cristo es el sumo y eterno sacerdote pues sólo Él realiza aquella mediación que salva a los hombres. Si bien es cierto que Jesús nunca se llamó a si mismo sacerdote , su misión sacerdotal está fundamentada en la misma unión hipostática. Gracias a la encarnación, la naturaleza humana se ha unido con la divina en la hipóstasis del Verbo; por ello, en el mismo ser de Cristo se ha realizado la admirable unión entre lo divino y lo humano. De esa manera, Jesús se constituye como el único mediador entre Dios y los hombres (cfr. 1 Tm 2, 5) y realiza el único sacrificio agradable al Padre. En diversos Padres y escritores eclesiásticos nos encontramos con enseñanzas sobre el sacerdocio de Cristo. Algunos de ellos se apoyan en la Carta a los Hebreos, pues como sabemos es el texto sagrado más importante para hablar del sacerdocio de Cristo. Entre las principales enseñanzas patrísticas sobre esta cuestión podemos mencionar las siguientes: Cristo es pontífice y sumo sacerdote, posee un sacerdocio eterno, y se convierte no sólo en sacerdote sino en la única víctima agradable al Padre.Cristo es pontífice y sumo sacerdote
Dentro de los llamados Padres apostólicos, encontramos enseñanzas sobre Cristo como pontífice y sumo sacerdote. Así por ejemplo, San Clemente Romano enseña que Cristo es el «Pontífice de nuestras oblaciones» . Por su parte, San Policarpo de Esmirna afirma que Cristo es «sempiterno Pontífice» y San Ignacio de Antioquía llama al Señor, «Sumo sacerdote» . Entre los escritores latinos podemos citar a Tertuliano quien denomina a Jesucristo como «gran sacerdote del Padre» y San Hipólito de Roma indica que Cristo es el sumo sacerdote consagrado para gloria del nombre de Dios . Por su parte, San Cirilo de Alejandría hablando de los sacerdotes se remonta al sacerdocio de Cristo, comentado un pasaje de la Carta a los Hebreos, enseña que «el sacerdote es la figura de Cristo y su forma concreta. A Él —Cristo— se le llama Enmanuel porque es el mediador entre Dios y los hombres, apóstol y sumo sacerdote de nuestra fe que penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos o novillos sino con la propia sangre, consiguiendo una redención eterna y por esa sola oblación santificó a todos para siempre (Hb 3,1)»
. Cristo es sacerdote eterno El sacerdocio de Cristo es eterno pues permanece para siempre. A este respecto, San Atanasio glosando un pasaje de la Carta a los Hebreos, afirma: «Hablando de la presencia corporal del Verbo, dijo: Aquel que es fiel a quien le hizo Apóstol (cfr. Hb 3, 1-2). Con estas palabras pone de relieve que Jesucristo, también en su humanidad, es hoy el mismo que ayer, y permanecerá para siempre. Y de igual forma que el Apóstol recuerda su encarnación a través de su sacerdocio, también habla de su divinidad» . San Juan Crisóstomo al comentar el pasaje de Hb 7, 11-28 remarca el sacerdocio eterno de Cristo al afirmar que «si aquel sacerdocio levítico ya era ineficaz, estaba rechazado; en cambio, éste, de Cristo, permanece, puesto que es vigoroso. Esto lo explica también Pablo con el sacerdote mismo. ¿Cómo? Mostrando que hay uno solo, y que si no fuera uno solo, no sería inmortal. Lo mismo que hay muchos sacerdotes, porque son mortales; así también hay uno solo, porque es inmortal. Por eso mismo, Jesús ha sido hecho mediador de una alianza más perfecta (Hb 7, 22), pues Dios juró que sería sacerdote para siempre, viene a decir el Apóstol, y no hubiera hecho eso, si Cristo no estuviera vivo.
Por eso puede también salvar perfectamente a los que se acercan a Dios a través de Él, ya que vive siempre para interceder por ellos (Hb 7, 25)» . Cristo es sacerdote y víctima Dentro de los Padres capadocios, es de destacar el pensamiento de San Gregorio de Nisa, pues presenta a Jesús como aquel pontífice que es a la vez el cordero pascual ofrecido al Padre. Es decir que Cristo es tanto sacerdote como víctima. A este respecto, el Niseno afirma que «Jesús es el gran Pontífice que sacrificó su propio cordero, es decir, su propio cuerpo, por el pecado del mundo… Se anonadó a sí mismo en la forma de siervo y ofreció dones y sacrificio por nosotros. Este era el sacerdote conforme al orden de Melquisedeq después de muchas generaciones» . Quizás nadie ha proclamado con tanta belleza y profundidad el sacerdocio de Cristo como San Agustín. En efecto, el santo obispo de Hipona presenta a Cristo como sacerdote y víctima, pues Él es quien ofrece y aquello que se ofrece. Además, es uno con el Padre que es aquel por quien se ofrece. En su obra De trinitate leemos: «Y ¿qué sacerdote más santo y justo que el Hijo Único de Dios, pues no tiene necesidad de ofrecer primero sacrificio por su pecado, ni de origen ni los que se suman en la vida humana? Por otra parte, ¿qué víctima más grata a Dios podía elegir el hombre para ser inmolada por él que la carne humana? Y ¿qué carne más apta para ser inmolada que la carne mortal? Y ¿qué pureza era capaz de purificar al hombre de sus inmundicias, sino la carne inmune de todo contagio de concupiscencia carnal, nacida en el seno y del seno de la virgen? Y ¿qué carne tan grata, para el que ofrece y para el que recibe la ofrenda, como la carne de nuestro sacrificio, hecha cuerpo de nuestro Sacerdote? Cuatro elementos integran todo sacrificio: el que ofrece, a quien se ofrece, qué se ofrece y por quiénes se ofrece. El único y verdadero Mediador nos reconcilia con Dios por medio de este sacrificio pacífico, permanece en unidad con aquel a quien ofrece, se hace una misma cosa con aquel por quien se ofrece, y el que ofrece es lo que ofrece» .
En los Padres de la Iglesia encontramos valiosas recomendaciones para una sólida espiritualidad sacerdotal. Dado que el sacerdote es administrador de la «cosas santas», verdadero dispensador de la gracia divina, tiene que llevar un estilo de vida ejemplar. Las ascesis que debe vivir un sacerdote brota como una consecuencia natural de su ser y misión. Es común en los Padres las exhortaciones que hacen a los sacerdotes para que cultiven la oración, la mortificación y la práctica de las virtudes. De esa manera reflejarán más nítidamente a Cristo y, además, contribuirán a la edificación de los fieles. A este respecto, San Gregorio Magno en su Regla pastoral afirma que «la vida del prelado debe ser tanto más excelente que la vida del pueblo, cuanto más suele diferir de la del rebaño la vida del pastor. Por eso es menester que con solícito cuidado se haga cargo de cuán obligado está a obrar con rectitud, por lo mismo que, con respecto a él, el pueblo es llamado grey» .
San Pedro Crisólogo pide al sacerdote que se convierta en víctima agradable a Dios, pues debe hacer de su ministerio una ofrenda. Por eso, exhorta a los sacerdotes con las siguientes palabras: «No te niegues pues a ser sacrificio y sacerdote de Dios. No desprecies el don que el poder y la generosidad de Dios te han concedido. Revístete de santidad y cíñete con el cíngulo de la castidad; Cristo sea como un velo sobre tu cabeza y la cruz en la frente te sirva de protección. Escribe sobre tu pecho el sacramento del conocimiento de Dios y quema como un perfume el incienso de la oración, empuña la espada del espíritu y haz de tu corazón un altar: Y así con la seguridad que te da la protección de Dios, transforma tu cuerpo en un sacrificio. Dios quiere la fe, no la muerte; la fe de la pureza de intención y de la voluntad y no la sangre. A Dios se le satisface con el sacrificio de la voluntad, no con el de la vida. Dios nos demostró esto cuando exigió a Abraham el sacrificio de su hijo ¿No es verdad que Abraham ofrecía en realidad su propio cuerpo?
Y, ¿qué es lo que pretendía el Señor sino la fe de Abraham desde el momento en que le mandó que ofreciera a su hijo pero no permitió que lo sacrificara?... Tu cuerpo se fortalece cada vez que tú, muriendo a los vicios, sacrificas a Dios tu vida por medio del ejercicio de las virtudes. No puede morir el que es muerto por la espada de la vida» .
San Juan Crisóstomo enfatiza que el sacerdote debe destacar por la práctica de las virtudes. Esto será un gran estimulo para los fieles. Así como los vicios de los sacerdotes causan un gran daño al pueblo de Dios; al contrario, sus virtudes hacen un gran bien a los fieles. Por eso, San Juan Crisóstomo señala: «Así pues, al modo que las virtudes de los sacerdotes aprovechan a muchos como una exhortación viva a la imitación, así sus defectos favorecen la tibieza en la práctica de la virtud y nos hacen aflojar en el esfuerzo que exige la vida de perfección. De ahí la necesidad de que por todas partes brille la belleza de su alma, para que pueda juntamente alegrar e iluminar las almas de los que los miran» .
REGALO DE CRISTO A LOS SACERDOTES : PARTICIPACIÓN DE SU SACERDOCIO-
En las diversas y profundas enseñanzas que nos han dejado los Padres de la Iglesia sobre el sacerdocio, podemos fijar algunas ideas esenciales:
(1) El sacerdote posee una referencia esencial a Cristo, sumo y eterno sacerdote.
(2) Gracias a la sucesión apostólica, existe un verdadero ministerio sagrado en la Iglesia aunque la terminología progresivamente se ha ido perfilando. El obispo —epi/skopoj— el que observa , y cuida de la comunidad sacerdotal y de la fidelidad al ministerio.
y los presbíteros —presbu/teroi— son los verdaderos sacerdotes, pero es el obispo quien desempeña la misión de dirigirles y de ayudarles en el desempeño de su sacerdocio...
(3) Los Padres de la Iglesia señalan una serie de rasgos para describir al sacerdote. Constantemente remarcan su condición de «hombre de Dios». Entre las características más relevantes están: la excelsa dignidad del sacerdote; la necesidad que éste tiene de corresponder al don recibido; la debilidad del sacerdote en cuanto que también es un hombre pecador y por eso debe vigilar constantemente; el celo pastoral como una grave exigencia del ministerio sacerdotal; y, la necesidad de una sólida vida interior.
Pidamos hoy a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote que a los que ha elegido, los santifique y los haga profundos enamorados y comprometidos de su vocación, los purifique del error, del personalismo, y los haga don para el Pueblo Santo de Dios, a quien deben servir. Que perpetuando su Sacerdocio en la Iglesia, siga llamando nuevos sacerdotes que como una fiel cadena, nos lleven hasta el Fin : el Encuentro con el Rostro del Señor y su Único Sacerdocio.
No podemos olvidar los tiempos difíciles y muy obscuros que vive la Iglesia, sometida al constante acecho del maligno y de sus errores que se difunden como el humo en medio de nosotros. Impetremos del Señor que libre a su Iglesia de las divisiones que provoca el error, la renuncia a la Tradición, al dogma y al Magisterio, para buscar decir lo que agrada a los oídos del mundo escuchar... Necesitamos mucho sacrificio, oración, humildad y estudio de la riqueza de 20 siglos de Iglesia....
No hay comentarios:
Publicar un comentario