―El mensaje de Teresa de Lisieux
El MENSAJE DE SANTIDAD
Muy exiguo era el fúnebre cortejo que el día 4 de octubre de 1897 acompañaba al cementerio de Lisieux los despojos mortales de una joven carmelita, muerta a los 24 años, Sor Teresa del Niño Jesús: algunos eclesiásticos, un grupito de parientes y amigos, las hermanas torneras del Carmelo y nadie más.
En la cruz que dominaba su tumba los transeúntes podían leer: «Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra».
Huracán de gloria
De repente, un extraordinario rumor público sacudió a la ciudad toda de Lisieux: «Sor Teresa» hacía milagros. Estos milagros se multiplicarían pronto en Francia y en el mundo entero. «Teresita» se hacía presente en todas partes con ardor infatigable, operando los más inesperados prodigios en favor de toda clase de gentes. Se inclinaba sobre todas las miserias del alma y del cuerpo, colmando de sus bondades a los incrédulos y a los peores enemigos de la Iglesia; reservando, sin embargo, sus más esplendorosas intervenciones en favor de los misioneros y de los sacerdotes, de estos sacerdotes tan queridos de su corazón, por los cuales había consumido, «hasta el agotamiento», su vida de carmelita. Teresa había prometido que no permanecería inactiva en el cielo: «Bajaré»1. «Pronto habré dado la vuelta al mundo»2. En efecto, ¿existe una sola playa lejana que no haya oído hablar de ella, que no haya entrevisto el rostro sonriente de la «Santita» de Lisieux? Se la invoca en todas las lenguas, en todos los dialectos del universo. Sonríe a todos. Un soldado bávaro me decía: «Es para nosotros como una santa alemana. En todas nuestras iglesias se encuentra su estatua. En nuestro país está en todas partes». Todos los países la invocan como a una santa propia. Y los musulmanes del Cairo, al salir de su mezquita afluyen en multitud alrededor de la estatua de «Teresita» atraídos por sus milagros. Ella les prodiga sus bondades. ¿Quién de nosotros no ha experimentado en un momento dado de la vida la benévola intervención, el socorro inesperado de la santa carmelita? Desde lo alto de los cielos ella no cesa de hacer caer
( 1 Novissima verba, 12 julio 1897. 2 A Sor Genoveva, septiembre 1897. )
sobre la tierra, como «una lluvia de rosas»3, sus innumerables beneficios. Teresa es todopoderosa en el corazón de Dios. «Dios hará en el cielo todo lo que yo quiera, porque yo no he hecho nunca mi voluntad en la tierra»4.
¿Y qué decir de los favores crecientes que la Iglesia le ha otorgado? Apenas beata la Iglesia la ha conducido a los supremos honores de la canonización. Hecho único en la historia: fue para el mismo Papa su primera beata y su primera santa canonizada. Este mismo Papa, Pío XI, la proclamó sucesivamente patrona de todos los noviciados carmelitanos, protectora de Méjico y de Rusia, patrona universal de las misiones, «estrella de su pontificado»; «Palabra viva de Dios»5 al mundo, anunciadora de un «nuevo mensaje» de santidad. Teresa guarda en exclusiva el título de Hija predilecta del Papado. Benedicto XV había exaltado el poder santificador del camino de la infancia espiritual. De todos es conocida la devoción personal por la Santa de Lisieux de Su Santidad Pío XII, quien se atrevió a comparar su misión providencial con la de los más grandes Doctores de la Iglesia6. Y San Pío X la había llamado: la santa más grande de los tiempos modernos.
Es un hecho incontestado que Teresa de Lisieux es la santa más popular de toda la cristiandad. Su poder milagroso ha hecho de ella el más grande de los taumaturgos de nuestra época. Verdaderamente se ha convertido en «la niña querida del mundo entero». Su profecía se ha cumplido: «Todos me amarán»7.
El nuevo mensaje
La Providencia no hace nada en vano. No es sin razón que Dios ha agraciado a Sor Teresa del Niño Jesús con un poder de acción tan pasmoso sobre el mundo moderno. Todos estos carismas extraordinarios tienden a confirmar entre los hombres su mensaje de santidad. La misión doctrinal de Teresa de Lisieux fue la de recordar a los hombres el dogma de la paternidad divina y del Amor misericordioso; la de enseñarles, mediante el camino de la infancia espiritual, a elevarse hasta la más alta perfección evangélica por la práctica de las virtudes ordinarias.
Fue una «palabra viva», «una palabra de Dios», puesto que «Dios nos dice —y «Teresita» con Él— que hay algo tanto o más grande que la acción y el poder del genio: la humildad, la fidelidad absoluta a los deberes de estado, sea éste el que fuere, la disponibilidad a todos los sacrificios, el confiado abandono en las manos de Dios, y por encima de todo, el amor, el verdadero amor de Dios»8. Teresa, «milagro de virtudes y
( 3 Novissima verba, 9 junio 1897. 4 Ibid., 12 julio 1897. 5 Pío XI, Discurso del 11 de febrero de 1923 y del 30 abril 1923. 6 Eugenio Cardenal Pacelli (Futuro Pio XII), Discurso pronunciado en Lisieux el 11 de julio 1937, como Legado pontificio. 7 Novissima verba, 1 agosto 1897. 8 Pío XI, Discurso del 11 de febrero 1923. )
prodigio de milagros»9, nos ha enseñado «un camino de santidad accesible a todos»10. Al canonizar su vida, la Iglesia ha canonizado su doctrina y ha impreso en su camino de la infancia espiritual el sello supremo de su verdad infalible. Tenemos la certeza de que, escuchando las enseñanzas de Teresa, seguimos la doctrina del Evangelio. «La infancia espiritual es un secreto de santidad para todos los fieles del mundo entero»11. «Si este camino de la infancia espiritual se generalizase, se realizaría la reforma de la sociedad humana»12. Dios se ha complacido en enriquecer a Teresa del Niño Jesús con un don de sabiduría totalmente excepcional»13. «La Santa de Lisieux se ha revelado como una verdadera ―maestra‖ de espiritualidad»14.
Teresa de Lisieux no ha traído al mundo un nuevo Evangelio. La espiritualidad cristiana, considerada en su esencia inmutable, es vida de unión con Dios Padre, por mediación de Cristo, que todos los santos desde la Iglesia primitiva han conocido y practicado. Pero si por «espiritualidad cristiana» queremos designar una exposición de conjunto de los medios de unión con Dios, históricamente ha habido verdaderas renovaciones, nuevas fórmulas de espiritualidad, mejor adaptadas a las circunstancias tan variadas de la vida de la Iglesia. Frente a las desviaciones del pensamiento humano, el papel providencial de los santos fue el de conducir de nuevo a los hombres al espíritu del Evangelio15, o el de desarrollar ciertas verdades cristianas todavía inexplotadas.
El mundo moderno, y en particular el catolicismo francés, sufrían de un resto de jansenismo, de una fría rigidez, en las relaciones del alma con Dios, de un cierto conformismo jurídico, de un cierto individualismo en la devoción. El mundo esperaba el «redescubrimiento» de la paternidad divina y del Amor misericordioso; y en lo que se refiere a nuestras relaciones con Dios, la actitud de amor filial, de confianza y de abandono, adecuada a los hijos de adopción.
Ciertamente no fue Teresa de Lisieux quien descubrió que Dios es nuestro Padre: que la santidad consiste en el amor, y que éste basta; ni tan sólo fue ella quien inventó la infancia espiritual. Sin embargo, su genio creador, apoderándose de estos diversos elementos, supo trazar «un camino completamente nuevo», prescindiendo decididamente de todo lo accidental de la santidad. Ella ha vivido ante nuestras miradas, la santidad pura y simple con todo el encanto y la seducción de un alma moderna, humana y muy cercana a nosotros.
Sobre todo, ella supo hacer la santidad accesible a todos. Se había visto ya a San Francisco de Sales invitando a buscar la perfección cristiana, a todos los cristianos: «a los que viven en las ciudades, en familia, en la corte, a todos los que por su condición se ven obligados a llevar exteriormente una vida común»16; y considerando como «un error e incluso como una herejía el querer desterrar la vida devota de la corte de los príncipes, de los ejércitos, de las tiendas de los artesanos, de las moradas de los casados»17.
Al canonizar a Santa Teresa de Lisieux la iglesia ha subrayado especialmente que esta suprema glorificación «trascendía la persona de Teresa»18 y que por ella Dios proponía a los hombres de nuestro tiempo «un nuevo modelo de santidad»19 imitable tanto para los seglares, como para los religiosos, enseñándoles a todos el medio de santificarse en cualquier condición. «Siento que mi misión va a empezar, mi misión de hacer amar a Dios como le amo y de mostrar «mi voluntad» a las almas»20. «Quiero enseñarles los pequeños medios que tan bien me han ido; decirles que acá abajo no tenemos que hacer más que una cosa; ofrecer a Jesús las flores de los pequeños sacrificios»21. Tal es el sentido de este nuevo «mensaje»22. La infancia espiritual es una nueva presentación del Evangelio eterno.
Fuentes y métodos
Estas páginas, compuestas en vista de la difusión del mensaje teresiano, no hacen más que tratar de nuevo, en una forma muy sencilla, los temas esenciales de un estudio más profundo sobre la espiritualidad de Santa Teresa de Lisieux.
Hemos podido constatar y meditar a placer, durante cerca de diez años, los testimonios del proceso de canonización y numerosos documentos inéditos del Carmelo de Lisieux. Hemos avanzado lentamente en este estudio, recurriendo sin cesar a los documentos auténticos de la iglesia y al testimonio viviente de sus tres hermanas; la Reverenda Madre Inés de Jesús, y la Hermana Sor Genoveva de la Santa Faz, proponiendo nuestras conclusiones a su juicio, capítulo por capítulo, interrogando, discutiendo, tratando de fijar en su verdad histórica y en su verdadera interpretación teológica, las palabras, los escritos, los hechos y los gestos de Santa Teresa del Niño Jesús23.
( 16 Prefacio de la Introducción a la vida devota. 17 Introducción a la vida devota, cap. III. 18 Decreto de Tuto para la canonización, 29 de marzo 1925. 19 Bula de canonización. 20 Novissima verba, 17 julio 1897. 21 Ibid. 22 Discurso de Pío XI, 18 mayo 1925, día siguiente a la canonización. 23 En el transcurso de nuestro trabajo, nos hemos sentido muy animados por una frase espontánea de las dos hermanas de la Santa, que venía a autenticar en cierta manera con la autoridad de su testimonio, nuestra interpretación de la vida y de la doctrina de la santa de Lisieux, puesto que todo nuestro esfuerzo en busca de la verdad tendía a la objetividad: "Rogamos a nuestra hermanita, que tan bien le hace comprender "su caminito" que le ayude a conducir por él a un gran número de almas." Sor Inés de Jesús, Sor Genoveva de la Santa Faz, C. d. i. 30 de diciembre de 1943.)

Dios quiera que estas páginas ayuden a las almas a comprender mejor el mensaje tan actual de Santa Teresa del Niño Jesús, de «hacer amar a Dios, como ella misma le ha amado» y de elevarse por la práctica de la infancia espiritual «hasta las más altas cimas de la montaña del amor».
Fruto de árbol santo, sus padres:

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