
Las lecturas de este día marcan el simbolismo que la Iglesia quiere dar a María. Así el texto del libro de las Crónicas –la primera lectura-- la consagra como arca de la alianza.
El salmo 26 nos muestra la oración confiada del justo que sabe que Dios no lo abandonará nunca. Y en tiempo de Jesús era uno de los salmos que se entonaban en la cercanía del Templo de Jerusalén, cuando peregrinaban a la Ciudad Santa. Nosotros también debemos confiar en la cercanía del Señor en todo tiempo.
El fragmento del Libro de los Hechos de los Apóstoles que vamos a proclamar hoy hace referencia a los momentos inmediatamente posteriores a la Ascensión del Señor. Los apóstoles, regresados a la sala del cenáculo, donde residían, pasaban todo el día en oración, junto a María, la Madre de Jesús.
El breve texto del evangelio de San Lucas se refiere a la prodigiosa misión de Maria y al agasajo de esa misión que recibe Jesús de una mujer del pueblo. Que es un simbolismo más de la importante presencia de Maria de Nazaret en la Redención y Evangelización del género humano.
Arca de la Nueva Alianza. Es uno de los títulos de María en las letanías del Rosario. La primera lectura presenta cómo David mandó organizar una fiesta para instalar el Arca de la Alianza en una tienda especial. Su intención era construir un templo digno para albergar el Arca, presencia de Dios en medio del pueblo. Sería, sin embargo, su hijo Salomón quien construyera el Templo. El Arca llevaba la Palabra de Dios, María llevó en su ser la Palabra de Dios hecha carne. El Arca de la Alianza desapareció por primera vez tal como cuenta el Primer Libro de Samuel cuando los filisteos tomaron Israel en tiempos de Helí, pero fue devuelta a los israelitas porque se tornó en maldición para aquellos que no creían en un único y verdadero Dios. Volvió a desaparecer durante la opresión babilónica alrededor del año 600 A.C. y nunca más ha vuelto a ser vista, hasta hoy día. Originalmente, el Arca de la Alianza contenía la Palabra de Dios escrita en la piedra por las propias manos de Dios. El Arca no era la Palabra en sí misma, pero por eso no era menos importante. María trajo a la "Palabra hecha carne" dentro de ella, del mismo modo en que el Arca de la Alianza llevaba los 10 mandamientos, a través de los cuales la Palabra de Dios se manifestaba en el mundo real. El símbolo del Arca reaparece en libro Apocalipsis. Es presentada como figura de María, la Madre de Jesús.
Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia. María está presente en casi todos los eventos más importantes de la vida de Jesús: su concepción, su desarrollo en el vientre, su nacimiento, su presentación y entrega a Dios, su infancia, su confirmación en el Templo a los 12 años, el comienzo de su ministerio público y el primero de sus milagros, que Ella misma promovió -las bodas de Caná-, su muerte en el Calvario y el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés. Precisamente esto último es lo que escuchamos del libro de los Hechos de los Apóstoles en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar. María ocupa un lugar verdaderamente singular en la vida de la comunidad cristiana: ella llevó en su seno a Jesús, Mesías y Señor, lo cuidó, lo educó y lo introdujo en las tradiciones del pueblo elegido, lo siguió con fe hasta la cruz y llegó a ser así la primera creyente del nuevo Israel.
María nos enseña a escuchar la Palabra de Dios y llevarla a la práctica. El episodio del evangelio de hoy ocurre después de la expulsión de un demonio mudo. Mientras que algunos pensaban que Jesús había recibido este poder del príncipe de los demonios, esta mujer, sin embargo, reconoce en Jesús algo distinto y alaba "el vientre que te llevó y los pechos que te criaron". Es una alabanza dirigida a la Madre, María. Jesús aprovecha para resaltar precisamente una cualidad que hace de María una mujer singular: su disponibilidad para la escucha y la vivencia de la Palabra de Dios. Ante el piropo que Jesús recibe de aquella mujer del gentío, Él contestó: “Mejor dichosos aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen". Esto no significa un desprestigio del rol de María. Está mostrando que el verdadero milagro en torno a la encarnación de Jesús por María fue su obediencia al Señor. La Madre de Jesús supo escuchar la Palabra de Dios. En el evangelio, Lucas describe a María como alguien que vive a la escucha del misterio y que, con profunda actitud contemplativa, lee continuamente los acontecimientos para descubrir su sentido más profundo. María es aquí verdadero intérprete, hermeneuta, de los hechos acaecidos. La figura de María, intérprete de los hechos históricos, y contemplativa delante de las acciones de Dios, es modelo para todo creyente, llamado a descubrir el misterio y la presencia del Dios de la vida en la cotidianidad y lo ordinario de cada día. María, la Madre de Jesús, es maestra de vida interior, de oración y de escucha de la Palabra. María es la primera entre aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Sin lugar a dudas, María es digna de bendición por el hecho de haber sido para Jesús Madre según la carne, pero también y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación ha acogido la Palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque guardaba la palabra y la conservaba cuidadosamente en su corazón. Esa es mi Madre nos dice Jesús, ella es modelo. María, amorosamente hizo la voluntad del Padre, nadie como ella fue tan fidelísima esclava del Señor, en la encarnación y en cada momento de su vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario