23 diciembre 2015

RECUERDOS DE NAVIDAD DE UN MONJE ANCIANO- 2015 -2016

Contemplando el humilde Belén preparado con todo amor, volvemos páginas atrás en el libro de la larga vida monástica.


Por la década de los sesenta del pasado siglo, comenzando el postulantado y noviciado, éramos un grupo numeroso de jóvenes alegres y llenos de ilusión por el ideal vocacional y con el gozo limpio y nuevo de quien se encuentra de pronto con la riqueza litúrgica y espiritual de la Navidad en la vida consagrada.
Un poco de entorno: No cabe duda que el corazón y el recuerdo han volado al hogar donde en nuestras familias había un sitio vacío, pero nuestros corazones seguían teniéndolos muy dentro en el amor oblativo que ofrecíamos al Niño Dios como nuestro regalo.
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Luego un pequeño grupo de los más jóvenes habían comenzado durante todo el Adviento en un salón siempre cerrado con llave, a preparar el Belén, lleno cada año de nuevas sorpresas y que sólo podríamos verlo al terminar la Misa del Gallo, cuando toda la Comunidad se dirigía para bendecirlo y admirarlo.  Siempre sorpresa y alegría, día que se iba convirtiendo en noche, agua que corría, figuras en movimiento, auténtica hierba y ramas de árboles, la figura que recibía las limosnas con movimiento..., esta vieja memoria da para mucho, pero creo que os podéis imaginar lo imborrable y maravilloso que era para nosotros vivir en la casa del Señor, habiendo realizado nuestro sueño de consagrarnos al Señor.


Cuánto hemos de agradecer el tiempo en el que el Señor nos llamó y nos regaló una vivencia de la vida consagrada muy valiosa, que sigue manteniéndonos con fuerza en pie, dispuestos a entregarnos hasta el final en la fidelidad total.
Y volviendo al hoy,  triste realidad de falta de vocaciones, de una entrega y observancia más estrictas y de un gozo espiritual y una caridad fraterna que tienen que estar por encima de todo; pero como una enfermedad contagiosa de nuestro tiempo, vivimos el individualismo, la falta de aceptación del otro y la dureza en el comportamiento por un exceso de cultivo del Yo.

 Los monjes prefieren el silencio y el aislamiento como mejor forma de vivir la celebración del nacimiento del Niño Jesús,  “el tiempo de Navidad es vivido en un clima de profunda alegría, recogimiento, silencio, oración ".

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 la vivimos centrados en lo esencial,  en un clima de mucha alegría y paz, sencillez y armonía. Se sigue el horario habitual y las actividades propias de ese día, el día del Señor, aunque con un tono especial y un toque especial, porque…es Navidad.
Nuestras comidas son siempre simples y sobrias. Jesús nos dice en la Sagrada Escritura que “no sólo de pan vive el hombre sino de la palabra que sale de la boca de Dios”.
Por eso también en la cena de Navidad y en las comidas de Navidad , comemos lo ordinario que ya es un don que la Providencia de Dios nos ofrece.


No existe, sin embargo, ningún dulce específico del monasterio. Para nosotros el verdadero dulce, el dulce especial es el que tiene el sabor divino, es Jesús, el Dios hecho hombre”, esta época del año también nos hace recordar a las personas con dificultades.



“Nos sentimos solidarios con los que tienen poco o nada para comer. Nos duele saber que, sobretodo en estos días, mientras que unos usan y abusan de lo superficial y lo celebran fastuosamente, muchos otros no tienen ni pan ni techo y mueren de hambre. A causa de esta dura realidad, la época de Navidad nos trae siempre el saber amargo de esta flagrante injusticia”.


Liturgia especial de Navidad
Además de todos los preparativos anteriores, las principales festividades suceden el 24 y el 25 de diciembre. “A lo largo del día 24 se hacen los preparativos normales para la gran solemnidad: pesebres, celebraciones litúrgicas, etc. En estos tiempos de crisis tenemos que salir a las Parroquias vecinas para ofrecerles la posibilidad de la celebración de la Verdadera Navidad, en torno al Altar y al pesebre, llevándoles el mensaje de Amor del Dios que ha venido por todos y que consuela todas las penas, responde a todos los interrogantes..

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Y porque el tiempo pertenece a Dios, unidos a toda la Iglesia y saboreando la belleza de los salmos, cantamos el Oficio de las Lecturas. Se adentra la noche .  Y esperamos con la misma emoción y gratitud de cada año de nuestra larga y ya desgastada salud, el gran momento de celebrar el gran Misterio en medio de la noche, la Luz viene al mundo y nosotros le recibimos, por los que le rechazan y queremos proyectar a todos, con nuestras limitaciones, el gozo grande de su presencia siempre esperanzadora en todo tiempo y lugar, que no es una conmemoración, sino la vivencia presente del Misterio que Dios renueva ante nuestras almas cada Navidad.

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No me queda más que prometeros la oración ante el Señor Sacramentado que se nos manifiesta en la fragilidad de un Niño, junto a las figuras ejemplares y mediadoras de María y José- Después de volver a cerrar el libro de los recuerdos, volviendo al duro realismo del presente, os deseo la gracia del encuentro con el Señor, la luz en vuestro camino, la paz en el corazón, la esperanza inconmovible en quien nunca falla, la fuerza para seguirle toda su vida y la vuestra unidos, en una palabra una verdadera Felicidad, que no sea un tópico, de cumplimiento o costumbre, sino la única felicidad que se encuentra sólo en el Señor y siguiendo sus Caminos.
Que la bendición del Señor sea patente en todos vosotros y vuestros amigos y familiares y por ende en el mundo entero. Feliz Navidad.


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