29 enero 2016

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA EN EL VETUS ORDO 31 DE ENERO


DOMINGO DE SEXAGÉSIMA
(II clase, morado)



  • Se suprimen todos los Aleluya del oficio y de la misa hasta la misa de la noche de Pascua. En la misa del domingo y de las fiestas de los santos se recita o canta el Tracto en su lugar.
  • En las misas del domingo no se dice Gloria, pero si Credo.
  • Se sigue diciendo Prefacio de la Trinidad los domingos y en las ferias el común.
  • En las fiestas se dice Gloria, tracto y prefacio propio o común. 

“La semilla es la palabra de Dios, aquella palabra cuyo incansable sembrador fue Pablo, entre afanes y sufrimientos y hasta la muerte a filo de espada; aquella palabra encarnada en Cristo, Verbo divino, centro de la Sagrada Escritura.”
Las grandes páginas de la Biblia, leídas en maitines, anuncian, una tras otra, el misterio pascual. Noé, el segundo padre del género humano, simboliza la renovación de la humanidad: “ vea el mundo el levantarse de lo caído, el renovarse de lo envejecido, el retorno de todo a su prístina integridad por obra del mismo que lo creara. (Sábado Santo, oficio antiguo). En adelante, la salvación se obrará en el seno de la Iglesia, cuya figura es el arca, y en ella serán regeneradas, no sólo ocho personas, sino toda la multitud de los bautizados que salen de las aguas. (epístola del viernes de Pascua).
Los cantos de la misa tienen el mismo acento que los del domingo anterior: llamamiento penetrante y confiado a Dios desde el seno de nuestra miseria. La epístola se ha escogido por tener lugar la estación en San Pablo extramuros; es una de las páginas más bellas del gran apóstol.
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Desde el Introito la santa Iglesia nos hace oír la ferviente plegaria del Salmista implorando el auxilio del Altísimo en medio de las tribulaciones que le rodeaban. En la Colecta expresa su confianza en la intercesión del gran Apóstol San Pablo, celosísimo propagador de la divina palabra, de la divina semilla que había de renovar la faz de la tierra. Y si es bien, observemos la íntima relación que guarda la Colecta con la estación que se verifica hoy en la Iglesia de San Pedro. ¿A dónde podría dirigirse mejor la asamblea cristiana para impetrar la intercesión del Apóstol de las Gentes, que al  lugar en que descansan sus preciosísimas reliquias? La Epístola es uno de los más bellos pasajes de los escritos de San Pablo en que enumera la multitud de trabajos soportados por la difusión del Evangelio. Por ella podemos comprender de algún modo las fatigas de cuantos propagaron la buena nueva en los áridos páramos de la gentilidad. En el Gradual implora la Iglesia el socorro del Señor contra los que se oponen a la misión que ya ha recibido de suscitar por todas partes adoradores del verdadero Dios. El Evangelista refiere la parábola del sembrador, cuyo significado el mismo divino Maestro se dignó explicar. Nosotros, por tanto, no tenemos que hacer más que escuchar y meditar religiosamente sus enseñanzas. Esto inculca y repite la Iglesia en el Ofertorio; que en ello nos afirme el vivificador Sacramento, pide en la oración Secreta. La frecuente recepción de la Eucaristía  será el medio que fertilizará y hará fecundas nuestras almas. Por esto se invita en la Comunión a acercarnos a la Sagrada Mesa, en la que recobramos nuevo vigor y juventud, y pide en la Poscomunión que así sea por la práctica de actos santos y buenas costumbres.
TEXTOS DE LA MISA
Introito. Ps. 43, 23-26.- ¡Despertad, Señor! ¿Por qué aparentáis dormir? Despertad y no nos rechacéis para siempre. ¿Por qué escondéis vuestro rostro y olvidáis nuestra tribulación? Pegado está nuestro cuerpo a la tierra; despertad, Señor, ayu­dadnos y libradnos. Sal. 43, 2.- Nuestros oídos, Señor, lo oyeron; nuestros padres nos lo contaron. Gloria al Padre...
Oración. - Oh Dios, que veis cómo no confiamos en ninguna de nuestras acciones, concedednos propicio que seamos fortaleci­dos por la protección del Doctor de las gen­tes contra toda adversidad. Por N. S. J. C...
Epístola. Cor. 11, 19-33; 12, 1-9.- Hermanos: ¡Qué a gusto soportáis a los tontos, vosotros los listos! Porque aguantáis que esa gente os tiranice, os devore, os explote, os humille, os abofetee. Me refiero a vuestra crítica de que hemos sido débiles. Pero si hay que darse importancia, voy a disparatar y a dármela también yo. ¿Qué son hebreos? También yo. ¿Qué son israelitas? También yo. ¿Qué son descendientes de Abraham? También yo. ¿Qué son siervos de Cristo? Voy a decir un disparate: Mucho más yo. Yo les gano en trabajos, les gano en cárceles, no digamos en palizas, y en muchos peligros de muerte.


De los judíos he recibido cinco veces los treinta y nueve azotes de rigor; tres veces me han azotado con varas, una vez me han apedreado. He pade­cido tres naufragios, pasando veinticuatro horas en medio del mar. Siempre de viaje: En peligros de ríos, en peligros de bandoleros, en peligros de mis paisanos, en peligros de los gentiles, peligros de la ciudad, peligros en despoblado, peligros del mar, peligros de falsos hermanos. Trabajo y agotamiento, sin poder dormir muchas veces; con hambre y con sed en ayunos frecuentes, con frío y sin ropa. Además de estas cosas externas, la carga de cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, sin que yo enferme? ¿Quién cae, sin que a mí me dé fiebre? Si ahora toca presumir, presumiré de mi debilidad. Bien sabe Dios, Padre del Señor Jesús (bendito sea su nombre por siempre), que no miento: En Da­masco, el gobernador del rey Aretas puso guardia en la ciudad para prenderme: metido en un costal me descolgaron por una ventana de la muralla y así escapé de sus manos.

¿Hay que presumir? —aunque sé que no esté bien—, pues paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años —no sabría decir si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cie­lo. Y puedo decir que este tal —no sabría decir si en el cuerpo o sin él, Dios lo sabe— fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras arcanas que un hombre no puede repetir. De éste presumiré; en cuanto a mí, sólo presumiré de mis debilidades. Y si me diera por presumir, no sería disparatar, porque diría la verdad: pero lo dejo, para que nadie me tenga por más de lo que en mí ve y oye. Y por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces le he pedido al Señor verme libre de él y me ha respondido: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Gradual. Sal. 82, 19 y 14.- Reconozcan los gentiles que tú, Señor, eres el único excelso en toda la tierra. Dios mío, hazlos ho­jarasca, vilanos frente al vendaval.
Tracto. Sal. 59, 4 y 6.- Señor, has sacudido la tierra, y la has hendido: sana sus quiebras, que se ha estremecido. Que puedan huir de los arcos, y se salven tus escogidos.


Evangelio. Luc. 8, 4-15.- En aquel tiempo se reunía mucha gente en torno a Jesús y al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y al crecer se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y al crecer dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Entonces le preguntaron sus discípulos: ¿Qué significa esta parábola? Y Él les respondió: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por el momento creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre las zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y bueno escuchan la Palabra, la guardan y perseveran hasta dar fruto.
Ofertorio. Ps.16,5,6-7.- Asegurad mis pasos en vuestras sendas, para que no resbalen mis pies; inclinad vuestros oídos y escuchad mis palabras. Ostentad vuestra magnífica piedad, oh Señor, que salváis a los que esperan en Vos.
Secreta. - El sacrificio, Señor, que os ofrecemos, nos vivifique siempre y nos defienda. Por nuestro Señor Jesucristo...
Prefacio de la Santísima Trinidad. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno: Que con tu Único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque Tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad; A quien alaban los Ángeles y los Arcángeles y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamare con una sola voz: Santo
Comunión. Ps. 42, 4. - Me llegaré al altar de Dios, que llena de alegría mi juventud.
Poscomunión. - Humildemente os suplica­mos, Dios Todopoderoso, que, pues nos ali­mentáis con vuestros Sacramentos nos con­cedáis serviros dignamente con costumbres agradables a Vos. Por N. S. J. C...

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