20 febrero 2016

AFRONTAR LA CUARESMA EN MEDIO DE LA TORMENTA ESPIRITUAL _20 DE FEBRERO DE 2016




“CRISTO EN LA TORMENTA"
 “Entonces Él mandó a sus discípulos que entraran al bote y se le adelantaran
hasta la otra orilla del lago, mientras despedía a la gente. Después de hacer esto, subió a la
montaña para retirarse y orar. Cuando atardecía, permaneció allí solo. Mientras, el bote
que se alejaba varios kilómetros, era sacudido por las olas ya que el viento soplaba de
frente. Durante la cuarta hora de la noche, Él vino hacia ellos caminando sobre el mar.
Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua quedaron aterrados diciendo ‘es
un fantasma’ y gritaron de pánico. Al mismo tiempo, (Jesús) les habló diciendo: “Ánimo, soy
Yo, no teman”. Pedro, en respuesta le dijo: ‘Señor, si eres tú, mándame que vaya hasta a ti
sobre el agua’; Él le respondió, “Ven”.



Pedro salió del bote y comenzó a caminar sobre el
mar hacia Jesús, pero cuando él vio cuan fuerte estaba el viento, le entró miedo y
comenzando a hundirse, gritó: ‘Señor, sálvame’.Inmediatamente Jesús extendió su mano, lo
tomó y le dijo: “Hombre de poca fe ¿por qué dudaste?” Después de que ellos hubieron
entrado dentro del bote, el viento se calmó. Aquellos que estaban en el bote, le rindieron
honor diciendo:’Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios”. (Mat. 14: 22-33)
Leamos este dramático texto desde la perspectiva de nuestra propia experiencia de
gracia. En la fiesta de Pentecostés, el Espíritu de Cristo, vertido sobre los discípulos
originales, se vierte igualmente sobre nosotros. Año con año esta fiesta purifica nuestro
aparato receptivo de tal manera que podamos sintonizarnos en unos más profundos, más
delicados y fascinantes mensajes del universo y su fuente.


Jesús ha pasado la noche en oración. ¿Cómo hizo Él para que sus discípulos tuvieran
un mejor entendimiento del Reino de Dios? El Reino implica un cambio de valores al más
profundo nivel. Este es un proyecto que aterra a la mayoría de la gente. Teóricamente sería
magnífico crecer. En realidad, normalmente decimos, ‘Vamos a esperar unos cuantos días,
semanas o años’.
Jesús estaba inspirado por el Espíritu para usar esta oportunidad de llevar a sus
discípulos a un nivel más profundo de entendimiento. El Evangelio no es tanto una
enseñanza, sino una ‘transmisión’. Por el Viejo Testamento conocemos acerca de Elías
encontrándose con Dios en el huracán, en el terremoto, y en el fuego. Un huracán destruye
las rocas, tirándolas de arriba a abajo, arranca todo y lo levanta. Un terremoto estremece la
tierra bajo uno. El fuego es algo de lo que uno corre tan rápido como puede. El huracán y el
terremoto son símbolos de oposición desde afuera. El fuego es la imagen de la tentación
interior. El huracán, el terremoto y el fuego son los contratiempos y agobios que nos
alcanzan en el transcurso de una travesía espiritual.



Los discípulos en el bote, maltratados y golpeados por el viento y las olas, son los
símbolos de aquellos que tratan de acatar el Evangelio y enfrentan varias clases de oposición.
Ellos se encuentran con el discípulo ingenuo quien piensa que habiendo aceptado a Cristo en la
oración y la meditación van a proveer una alfombra mágica para el gozo, o aún mejor, para el
éxito financiero en este mundo. ¡Ni pensarlo!
En medio de esta tormenta, una figura emerge afuera de las tinieblas. Lo que los
discípulos pensaron que habían visto, era algo que uno podría fácilmente visualizar a las 3:00
a.m. : ‘es un fantasma’, Jesús está caminando sobre las aguas. Él emerge de la tormenta; esto
significa, en sentido real, que está en la tormenta, en el viento y en las olas. Pedro escucha la
invitación para ir a Jesús sobre las aguas. En otras palabras, Pedro es invitado a permanecer
asido de Jesús en medio de la oposición, el desengaño, y el acortamiento de la fe. Pedro es el
símbolo de aquellos cuya fe percibe que el viento no sólo es viento, sino Cristo,
invitándonos a encontrarlo en medio de la oposición y la tentación.
La inmediata respuesta de los discípulos es el terror, y comienzan a gritar, temerosos
del fantasma que está acercándoseles. Jesús los llama: “Miren, en verdad soy Yo, ¡No teman!
Entonces Pedro le dice, ’Señor, mándame ir a ti sobre las aguas’. Jesús le dice, “Ven”. Pedro
camina sobre las olas, ¡Está caminando sobre el agua. El camina hacia el Señor en medio de
los elementos. Se aferra a su preciada vida por la presencia de Cristo en medio de la
tormenta.


De repente el viento se incrementa; una ola se estrella sobre sus piernas y le salpica el
rostro. Ahora hay un pequeño cambio de su enfoque, de Jesús, a la situación actual.
Comienza a hundirse y grita. “Señor, sálvame”; de inmediato Jesús lo alcanza, lo toma de la
mano y lo jala dentro del bote. Enseguida sobreviene una gran calma y los apóstoles atónitos
exclaman, “Verdaderamente Tú, eres el Hijo de Dios”.
Es agradable saber que no debemos esperar el éxito la primera vez que tratamos de
ver a Dios en medio de las dificultades, desde adentro o desde afuera. Nosotros erramos las
primeras pocas veces; cuando comenzamos a hundirnos, solamente tenemos que pedir ayuda
y Dios parece moderar la intensidad de la prueba, de tal manera que podamos tener un breve
descanso y tratar de nuevo. El ‘de nuevo’ para los apóstoles, era la crucifixión de Jesús y
ellos hundidos. Las pruebas siempre se miran como situaciones imposibles; tratamos de
aceptarlas, pero se ponen demasiado agobiantes. Nuestra fe y nuestra confianza se marchitan
y comenzamos a hundirnos. Pedimos ayuda y Jesús nos rescata. Hay una breve calma; si
continuamos la jornada, el viento y las olas continúan de nuevo. Nuevamente tratamos de
encontrar a Jesús en los particulares contratiempos y de nuevo comenzamos a ahogarnos. Él
nos toma hacia fuera. Esta es la historia de la jornada espiritual de cada uno; el único
error es caerse y permanecer caído; hundirse y no gritar por auxilio.



Poco a poco vamos siendo capaces de escuchar la aún leve voz en medio del huracán,
el terremoto o el fuego. Dios está escondido en las dificultades. Si lo podemos encontrar allí,
nunca lo perderemos. Sin dificultades, no conocemos el poder de la misericordia de Dios y el
increíble destino que tiene para cada uno de nosotros. Debemos ser pacientes con nuestras
faltas. Siempre hay otra oportunidad a menos que vayamos a tierra y permanezcamos allá. A
situación de no- riesgo, es mayor el peligro de estar allí. Encontrarnos con los vientos y las
olas, no es una señal de derrota; es un entrenamiento en el arte de la vida, que es el arte
de gritarle a Dios por ayuda, y creyendo en Su amor, no importa lo que suceda.


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