01 febrero 2016

CÓMO PRONUNCIAR EL LATÍN EN LA LITURGIA LATINA

 
El presente artículo pretende ser una humilde ayuda a los que participan en la Santa Misa en latín, para que su participación sea mejor. En anteriores años hemos ido poniendo semanalmente una clase de lengua latina, pero no tuvo seguimiento, por lo cual decidí interrumpirlas y hoy sólo les ofrezco una ayuda.

El latín fue la lengua de Roma, en donde San Pedro estableció su cátedra, y desde allí han sido enviados a todas partes los predicadores de nuestra santa fe.
   La Iglesia católica griega usa el griego antiguo, y en otros pueblos orientales se usa la lengua del país, por ser de los primeros siglos del cristianismo.
   La mayor devoción que podrían inspirar al pueblo la Misa y demás funciones litúrgicas en lengua vulgar, no compensaría en manera alguna las grandes ventajas del uso de una sola lengua.
A más, la devoción del pueblo se satisface muy bien por las instrucciones religiosas y libros de devoción.
   Al abandonar los protestantes la lengua latina para usar la vulgar, resultó, en vez de aumento, la grandísima disminución de piedad y fervor.
   Es muy necesario fomentar el estudio del latín, para que esta lengua sea conocida, no solamente por los eclesiásticos, sino también, en cuanto sea posible, por los seglares.
   Algunas oraciones se suelen rezar en latín.
   Conviene conocer el significado de las palabras para obtener más fácilmente la atención de la mente.
   Amen y aleluya son palabras hebreas incorporadas a nuestra liturgia.
   Amen significa Así sea o Así es.
   Aleluya significa: Alabad con alegría al Señor.

                

Modo de leer el latín con la pronunciación romana.


Para obtener la uniformidad y para que se entiendan los que son de distintas naciones, el Papa Pío X, recomendó mucho que el latín se pronunciara en todas partes como en Roma.
   El latín se lee del mismo modo que el castellano, con las siguientes excepciones:
   Nunca se acentúa la última sílaba de las palabras; en las palabras de dos sílabas, pues, el acento recae siempre sobre la primera.
   Generalmente, las palabras de más de dos sílabas tienen escrito el acento en la sílaba correspondiente.
   ae, oe se lee e.   Ejemplos: vitæ, mœror, se lee vite, meror.
   aë, oë, (con diéresis) se lee ae, oe, como poeta, aer.
     ae, oe, (sin diéresis) se suelen escribir formando una sola letra: æ, œ
      ce, cæ, cœ, se lee che; ci, se lee chi.   Ejemplos: Cecilia, cælum se lee     Chechilia, chelum.
      ch se lee k.   Ejemplo: chérubim se lee rubim.
   ge, gi, y una sola s entre dos vocales no tienen pronunciación adecuada en castellano: se lee como en francés, italiano y catalán.
   Ejemplo: Geórgia, musa.
   ghe, ghi, se lee gue, gui.
   gue, gui, se lee güe, güi.  Ejemplos: inguen, sanguis, se lee ingüen, sangüis.
   gn se lee ñ.   Ejemplo: agnus se lee añus.
   h se lee k en mihi, nihil y sus derivados: se lee miki, nikil.
   j se lee i.   Ejemplo: jejúnium se lee ieiúnium.
   ll se lee l-l.   Ejemplo: ille se lee il-le.
   ph se lee f.   Ejemplo: philosophía se lee filosofía.
   La t en medio de dicción, seguida de i y de otra vocal se lee como la s castellana.   Ejemplos: cognítio, grátia, initium, se lee coñisio, grásia, inísium.
   Conserva el sonido de t:
   1º Si tiene antes de ella la s o la x.   Ejemplos: quoestio, mixtio.
   2º Si después de la t está la h: como Pythia.
   3º En las palabras Antíopa, Antíochus y sus derivados.
   La u precedida de q se pronuncia siempre: pero suavemente, sin cargarle el acento.   Ejemplo: qua, quem, quaenam, qui, quosque, quum, se lee cuá, cuém, cuénam, cuí, cuóscue, cuúm.
   Cui se pronuncia con acento sobre la u: se lee i, ilibet.
   la z, al principio de dicción, se pronuncia ds.   Ejemplo: Zea se lee dsea.
   En medio de dicción, la z se lee ts.   Ejemplo: Gaza se lee gatsa.
   La b y la v deben pronunciarse con los sonidos propios de cada una.
   La m, al final de las palabras, debe pronunciarse m y no n: tantum no debe leerse tantun.
   La s seguida de consonante al principio de dicción se pronuncia sin la e.   Ejemplos: spíritus, stábilis.

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