09 julio 2016

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO .- C - 10 DE JULIO





Dios ha escrito en nuestro corazón las obligaciones con Él. Lo expresa Moisés en nuestra primera lectura que es del Libro del Deuteronomio. Y esos preceptos del Antiguo Testamento siguen vivos en nosotros porque es obvio que Cristo no vino a eliminar la Ley de Moisés. Pero si a mejorarla, a engrandecerla.
El salmo 68 es uno de los más extensos del Salterio. Nosotros, hoy, en nuestra Eucaristía, utilizamos unos cuantos versos de la mitad y del final. Es un salmo de oración personal ante el infortunio y la burla de los enemigos. Los expertos dicen que, aunque figura como salmo de David, no lo es, ya que contiene alusiones a la etapa del destierro. Para nosotros también debe convertirse en plegaria personal a Dios en los malos momentos que, sin duda, todos pasamos.

Empezamos este domingo a leer la Carta a los Colosenses. Pablo inicia la misma con unas bellísimas palabras que forman un himno litúrgico que la Iglesia usa desde hace casi dos mil años. La carta a los Colosenses es una de las epístolas de San Pablo escritas en la cautividad de Roma y su contenido completo nos muestra la primacía absoluta de Cristo en el Universo y en la Iglesia


El Evangelio de San Lucas narra la parábola del Señor sobre el Buen Samaritano. En ella se expresa la oposición de Jesús a la dureza de la religión oficial de entonces. Deberíamos reflexionar hoy en nuestras actitudes respecto al prójimo. No va a ser que Jesús tenga que decirnos, un día, lo mismo a nosotros.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Él contestó: el que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: anda, haz tú lo mismo. En este “Año de la misericordia” la “parábola del samaritano” debe tener para nosotros un significado y un mensaje especial. Prójimo, etimológicamente, es el que está cerca de nosotros, o por razones de parentesco, la familia, o por amistad, los amigos, o por razones étnicas y culturales, la patria, o por afinidad de ideas y creencias, las religiones y los partidos políticos, etc. En el mundo judío, prójimos, próximos, eran, sobre todo, los judíos, los de su propia raza y religión. El samaritano no era, para un judío, un prójimo. Por eso, lo primero que debemos observar es que, en esta parábola, Jesús cambia el concepto judío de prójimo. El que se portó como prójimo fue el samaritano, que no era judío, no se portó como prójimo el sacerdote, ni el levita, que sí eran étnica, cultural y religiosamente, judíos. ¿Cómo podemos aplicarnos hoy, en estricto sentido cristiano, nosotros los cristianos europeos, esta parábola del samaritano? Pues la respuesta parece obvia, muy clara: portándonos como prójimos de las personas necesitadas que no son europeos. ¿Es que no debemos portarnos como prójimos de los amigos y familiares, de los que son afines a nuestras ideas y creencias, de los demás europeos? Por supuesto que sí; a Jesús, como buen judío, eso le parecía algo obvio, lo revolucionario de la parábola es la ampliación que Jesús hace del concepto de prójimo. Que cada uno de nosotros se examine a sí mismo, analizando lo que él piensa de la atención que debe dar a los emigrantes y refugiados que estén en verdadero estado de necesidad. Como buenos discípulos de Cristo, ampliemos el concepto que teníamos de prójimo, y seamos compasivos y misericordiosos con todas las personas que nos necesitan, sean de donde sean y vengan de donde vengan. Este es un buen propósito que debemos hacer los cristianos en este año de la misericordia, a propósito de la parábola del buen samaritano.

  
2.- Moisés habló al pueblo diciendo: escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos… El mandamiento está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo. Todo buen judío sabía el decálogo de memoria y le guardaba en su corazón. Otra cosa es que lo cumplieran en su vida ordinaria. Les pasaba algo parecido a lo que puede pasarnos hoy a los que nos consideramos y nos llamamos cristianos practicantes. Conocemos y valoramos, unos un poco más y otros un poco menos, el evangelio de Jesús. Pero, ¿lo cumplimos? Desde luego, a nivel social, político y de calle, no; individualmente cada uno sabrá hasta dónde llega. Si todos los cristianos, además de conocer el evangelio y valorarlo, lo cumpliéramos, el mundo, nuestro mundo, sería muy distinto al que, de hecho, es. Si de verdad todos los que nos llamamos cristianos practicantes viviéramos convertidos al evangelio, nos comportaríamos de una manera distinta a la que nos comportamos en muchas cosas, referidas directamente al dinero, a la política, a las relaciones personales con los demás, preferentemente con las personas menos favorecidas y más necesitadas. Hagamos todos nosotros hoy el propósito de intentarlo, de convertirnos de verdad al evangelio, de tenerlo en nuestro corazón y en nuestra boca, de cumplirlo.


3.- Cristo es la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. San Pablo recoge este “himno cristológico” probablemente de la liturgia bautismal del siglo primero. El primero, les dice san Pablo a los cristianos de Colosas, es Cristo, no los astros u otros poderes celestes intermedios. Para los cristianos el único que tiene el poder y la gloria es Cristo, no otro poder del orden que sea. Pues bien, si Cristo es nuestra cabeza, digamos nosotros con palabras de san Pablo, portémonos cada uno de nosotros como cuerpo de Cristo. San Agustín decía a sus fieles que si al besar la cabeza de la imagen de Cristo, le pisaban los pies, como algunos hacían a veces, en realidad estaban pisoteando a los pobres, porque los pies de Cristo son los pobres. Pensar que estamos comportándonos como cuerpo de Cristo, cuando somos inmisericordes con los pobres y necesitados, es hacer una ofensa al Cristo total del que nos habla san Pablo. Uniendo esta idea con la parábola del samaritano de la que se nos habla en el evangelio de hoy, pensemos que los emigrantes y refugiados, y todas las personas necesitadas, son los pies de Cristo. Si besamos la cabeza de Cristo, en nuestras oraciones y devociones, no pisemos sus pies en nuestro comportamiento diario con las personas necesitadas.

              


No hay comentarios:

Publicar un comentario