
Este fragmento del Libro de la Sabiduría, que vamos a escuchar hoy como primera lectura, nos habla de la liberación del pueblo de Israel de la opresión de los egipcios. Es la crónica de una esperanza alimentada por la creencia de que Dios los iba a liberar.

El Salmo 32 es el himno de los justos a la providencia. Y se expresa el deseo ardiente de amar a Dios sobre todas las cosas. Es un salmo útil para nuestros días llenos de incertidumbres. Hemos de esperar en Dios como lo expresó el salmista.
Vamos a comenzar la lectura –este domingo—de la parte de la Carta a los Hebreos, donde se establece la superioridad del sacerdocio de Cristo, por encima del sacerdocio de la Antigua Alianza. Anuncia también tiempos nuevos, como los que nosotros esperamos.
Nuestro Salvador nos pide hoy que estemos atentos ante la llegada de ese día en seremos libres. El evangelio de Lucas ha narrado las amplias páginas de la catequesis de Jesús. Hoy el Señor nos va a pedir que estemos atentos para mejor entender los tiempos que vivimos.
La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban… Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales. Este breve texto del libro de la Sabiduría se refiere a la noche de la liberación, en Egipto, cuando salieron camino de la tierra prometida. Todos los judíos piadosos vieron siempre este momento como el comienzo de una vida en libertad, frente a tantos años como habían vivido como esclavos. Desde entonces, siempre que recordaban este momento, la noche de la Pascua, entonaban himnos de alabanza a Dios, porque sabían que había sido Dios mismo el que los había liberado y el que seguiría siempre protegiéndoles. Pensemos los cristianos de hoy lo que pensemos sobre estos hechos del Antiguo Testamente, lo cierto es que fue la fe en un Dios misericordioso y salvador la que animó siempre al pueblo judío creyente a seguir viviendo con ánimo y esperanza. Es muy importante que la fe en un Dios misericordioso y salvador sea también para nosotros motor y fuerza de vida. La fe debe darnos siempre ánimo y vigor en esta vida, nunca desánimo y desesperanza. Debemos tener respeto a Dios, el máximo respeto, pero nunca tenerle miedo, o pasar de él, por falta de fe, o por temor a su mirada castigadora. Él nos va a proteger y va a guiar nuestros pasos en los momentos más difíciles de nuestra vida. En este año de la misericordia, renovemos nuestra fe y nuestra confianza en un Dios salvador y misericordioso.
Hermanos: la fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve… Con fe murieron todos estos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en esta tierra. No es fácil tener hoy la fe que tuvieron nuestros padres, nuestros abuelos, y los antepasados de los que se nos habla en esta carta a los Hebreos. Entonces la fe se heredaba, porque se mamaba en los pechos de la madre y de la sociedad. Hoy muchísimos niños nacen y crecen de espaldas a cualquier clase de fe religiosa. Lo que hoy se hereda, mayoritariamente, es la fe en la ciencia y en los científicos, la fe empírica y racional. Estos son los tiempos en los que nos toca vivir a los creyentes de hoy. Pero nosotros, sin renunciar nunca a la fe en una ciencia empírica y racional, debemos profundizar y afianzarnos aún más en una fe religiosa que no sólo no es compatible con la ciencia empírica, sino que la complementa y la agranda. Razón y fe, ciencia y religión, deben ser para nosotros dos fuentes de verdad y de seguridad en nuestro siempre incierto y azaroso caminar por este mundo. Somos peregrinos en esta tierra, caminantes hacia una Jerusalén futura; caminemos con fe, esperanza y amor. Es Dios el que nos espera al final de nuestro caminar, esperándonos, como a hijo pródigo, para acogernos en sus brazos amorosos de Padre.


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