Terminado el ciclo pascual, celebramos en este domingo la solemnidad de la Santísima Trinidad, culmen de todos los misterios. Cuando hablamos de la Santísima Trinidad, solemos reducirlo a algo totalmente incomprensible a la mente humana y sin trascendencia para nuestra vida cristiana. La Sagrada Escritura, y en concreto los textos litúrgicos del día, en cambio, nos dicen cosas muy distintas. En la primera lectura, libro del Deuteronomio, el mismo Dios en persona nos dice que no abandonó al pueblo de Israel, como no nos abandona a nosotros, aunque unos y otros le abandonemos a Él, que sólo Él es el Dios verdadero, el creador del hombre; que habla cara a cara con su pueblo; que le protege y libera de sus enemigos. ¿Qué pide Dios a cambio? Dios quiere que no tengamos el corazón dividido; que le reconozcamos como único Dios; que sólo a él le sirvamos y le amemos; y que cumplamos sus mandamientos. Es importante resaltar también el último versículo: que cumplamos los mandamientos para que ser felices (v.40).
En la carta a los romanos nos dice también algo muy reconfortante y de manera muy insistente: que el Espíritu Santo mora en el verdadero cristiano, que el Espíritu Santo nos guía de una manera constante y continua y que somos hijos de Dios, que no nos podemos situar ante Dios temerosos como el esclavo ante su dueño, sino como lo que somos hijos, hijos ante el padre, ante el papá, Abba (v.15). Y como hijos de Dios podemos mantener con Él una relación íntima como la que mantuvo el mismo Cristo. Y no somos sólo hijos de Dios, también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo (v.17). Tenemos una espléndida herencia.

Y porque somos tan importantes para Dios, Cristo nos asocia a su obra: id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos… enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado (v.19-20), nos hace responsables, ante los demás y ante el mundo entero. Somos –en cierto sentido– los portavoces de Dios que llama al encuentro e invita a la comunicación con Él. Jesús nos envía a anunciar al Dios cercano siendo nosotros cercanos, anunciando con palabras y obras la cercanía de Dios. ¿Y si nuestra voz calla, quién predicará la Buena noticia? ¿Quién hará discípulos de Jesús? Según Mateo dice que estamos llamados a hacer discípulos, que aprendan a vivir como él nos ha enseñado.

Este mando nos urge a salir de nuestra seguridad, de nuestros esquemas, de nuestras ideas, de nuestras iglesias. Los apóstoles no se quedaron en sus casas, se pusieron en camino y fueron a donde el Espíritu los empujó. Nos suele sobrar miedo, necesitamos creer de verdad que el Evangelio es fuerza regeneradora, que el Evangelio atrae, si nos dejamos llevar por él. Sólo creyendo el Evangelio recuperaremos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús. Estamos llamados a enseñar no sólo con las palabras, sino con el ejemplo, con la coherencia, con la vida. Sólo siendo fieles a la forma de vida que Jesús nos propone, podemos provocar preguntas profundas que muevan a un cambio de vida. Ante tanta crisis de fe, están surgiendo brotes de una vuelta al evangelio. Es el momento para entender y estructurar nuestra vida y nuestra comunidad Es el momento de entender y configurar el Evangelio de Jesús en nuestra vida. Solamente se podrá regenerar el tejido de nuestras comunidades y de la misma sociedad civil con la fuerza del Evangelio.

Y las últimas palabras que Jesús nos dirige en el evangelio de S. Mateo, es una promesa dirigida a todos los cristianos: sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos (v.20). Nunca nos dejará solos y no lo debemos olvidar. Jesús está con nosotros, está aquí y ahora, contigo, mientras lees estas palabras. Está cuando las cosas nos van bien, cuando reímos, cuando sufrimos y lloramos, está cuando le seguimos y nos olvidamos de él. Él siempre está con nosotros. Fin del evangelio de S. Mateo tremendamente consolador. Jesús siempre está con nosotros.

La vida de la comunidad cristiana debiera ser un reflejo de la Santísima Trinidad. ¿Damos testimonio de Dios y se le reconoce en nuestra vida, en nuestras comunidades por la unidad de mente y corazón? Quienes se acercan hoy a nosotros, ¿qué encuentran?
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