30 junio 2018

VOCACIÓN A LA VIDA CONTEMPLATIVA EN EL ESPIRITU DE SAN BENITO ABAD- I parte

Resultado de imagen de trabajo y oracion en comun segun san benito abad


Los orígenes del monacato se pierden en tiempos remotos. Su existencia es anterior a nuestra era.  El monje era esa persona que renunciaba al mundo para buscar la salvación en el Absoluto. El celibato era base indispensable. Estaba movido por un ideal místico y se retiraba de la vida secular  buscando la soledad y contentándose con lo estrictamente necesario.

 

El monacato es un fenómeno universal. No puede ser considerado como patrimonio exclusivo de ningún país, cultura, religión o filosofía.

  Resultado de imagen de trabajo y oracion en comun segun san benito abad

También encontramos en el  cristianismo, desde sus comienzos, las características esenciales del monacato: existían grupos de hombres y mujeres que practicaban el celibato, vivían austeramente, se dedicaban a la oración... Su manifestación más plena tuvo lugar hacia finales del siglo III y principios del IV: había hombres que abandonaban las comunidades eclesiales para retirarse del mundo y vivir como monjes. ¿Por qué? Porque no se hallaban a gusto en el mundo (injusticia atroz, crueldad, libertinaje desenfrenado)  ni en las comunidades eclesiales donde se había perdido el fervor primero. Los cristianos se multiplicaban, pero su calidad iba disminuyendo.

 

En el siglo VI, el monacato cuenta con una larga experiencia (200 años) y grandes figuras. Surge ahora San Benito de Nursia y su Regla monástica. No pretende innovar nada. Tan solo desea adaptar las enseñanzas conocidas de entonces a un grupo de principiantes. El monasterio era un lugar separado  del mundo en el que una comunidad de hermanos en Cristo llevaban una vida sencilla y se ganaban el pan con el sudor de su frente. Sus ocupaciones eran cantar las alabanzas divinas en el oratorio, embeberse de la Palabra de Dios (lectio divina) y trabajar en lo que se les mandara.

 

¿Cuánto tiempo duró este estilo de vida? No se sabe. La historia nos dice que Montecasino fue destruido (577). También desaparece Subiaco... La familia monástica creada por San Benito desaparece sin dejar rastro y los monjes se dispersan. San Gregorio Magno, papa, sería quien diese a conocer en su obra Los Diálogos la persona y obra de San Benito.

  Resultado de imagen de trabajo y oracion en comun segun san benito abad

Posteriormente la Regla de San Benito se propaga por Occidente. Pero se le fueron añadiendo elementos procedentes de otras corrientes que irían transformando el depósito primitivo de Benito. Los monasterios llegaron a ser grandes, ricos, poderosos, cada vez más suntuosos, focos de religión y cultura, santuarios de peregrinación...

  • La oración había ocupado un lugar excepcional en la vida del monje. Ahora el culto es su razón de ser. Los monasterios son centros de intercesión.
  • Los monjes oran y la sociedad les mantiene con esplendidez. Reciben donaciones y los monjes se convierten en terratenientes.
  • El número de monjes que reciben las órdenes sagradas crece: sin prisa, pero sin pausa.
  • También se dio la promoción cultural. 
Resultado de imagen de monasterio benedictino de valdejimena

El monacato es, ante todo, un movimiento espiritual que no se deja aprisionar durante largo tiempo por estructuras establecidas. Así surge, en el seno de la vida monástica un movimiento contestatario de deseos de renovación. Se inicia un retorno a la concepción primitiva de la vida monástica. Se desea vivir de un modo sincero y auténtico la vida que San Benito quería para sus monjes: una vida simple, pobre, austera, orante y solitaria. 

 

La historia sigue... La vida monástica, como todo en la vida humana, es un ir y venir. Pero algo hay esencial que la ha permitido vivir 15 siglos. ¿Qué es lo esencial de la vida monástica? ¿qué la ha mantenido viva durante tanto tiempo?

 

La pregunta por Dios es universal. La respuesta del hombre es diferente: indiferencia, negación, búsqueda... El monje implica su vida entera en la búsqueda de Dios. Pero, ¿por qué le busca? Porque como dice el salmo: "Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro" (Sal 26). 

 

Alguien decía que el monje es un "loco" de Dios que en un gesto de gratuidad se entrega totalmente para seguir a Cristo y se une a otros hermanos que comparten el mismo ideal.

 

Aquí tenemos ya los dos elementos esenciales de la vida monástica: búsqueda de Dios y seguimiento de Jesucristo.

 

La vida monástica es una vida de atención: estamos atentos a la ternura de Dios y queremos que esta viva nos empape para hacernos más y más a su imagen hasta convertirnos en ternura de Dios para los demás. 
Resultado de imagen de vida de oracion y trabajo contemplativo del monje benedictino

  

¿Entramos en el monasterio para ser más perfectos...? No. Toda vocación monástica es, tiene que ser, una historia de amor iniciada en el “sí” a la llamada. Se dice “sí” a Cristo. Se dice “sí” a un rostro, a un corazón, a un amor, a una vida… Jesús nos ha seducido. Y ya no se puede hacer otra cosa que adherirnos a Jesús y seguirle dondequiera que vaya.

 

Cristo es central en la vida monástica. Cualquiera que se acerque al monje lo primero que tendría que ver es la imagen de Cristo que es quien preside su vida, la llena, inspira y da sentido.

 

Lo prioritario es el seguimiento de Cristo, que él crezca en mí (=adquiriendo los mismos sentimientos de Jesús). La existencia monástica que hemos adoptado no tiene otro fin ni primario ni secundario que no sea vivir en esa dirección común: Cristo.

 

Esto está muy de manifiesto en la Regla de San Benito (RB). Tiene frases lapidarias que están grabadas en la mente y en el corazón del monje: “No anteponer nada al amor de Cristo” (RB 4,20; 72,11).

  Resultado de imagen de trabajo y oracion en comun segun san benito abad

¿Nos quedamos ensimismados "mirando" a Dios? ¿En él acaba todo? No.

Una imagen nos lo mostrará.

 

La vida monástica tiene:

  • una fuerza centrípeta porque tiende a anudarse en torno al núcleo que es Dios;
  • una centrífuga porque nos lanza hacia los demás.

Este tornarte sobre Dios te hace salir al encuentro del hermano; y, en el fondo, es lo mismo. 

 

La tarea del monje es, pues, buscar el rostro de Dios, siguiendo a Cristo y acogiéndolo en los hermanos. 

Resultado de imagen de monasterio benedictino de valdejimena

 

Ahora nos preguntamos: ¿Y qué es seguir a  Cristo?

  • Seguir a Cristo es ser llamado por él (VOCACIÓN): La iniciativa es siempre suya. Nos dice el evangelio que “llamó a los que él quiso” (Mc 3, 13); y también: “No me habéis elegido vosotros a mí; soy yo quien os ha elegido” (Jn 15, 16). La vocación es un don dinámico: exige crecimiento en la fidelidad pues hay que ir asimilando este don en la propia vida. Hay que  consentir en la vocación,  crecer en ella y acogerla diariamente en la fe.
  • Seguir a Cristo es vivir con él viviendo al mismo tiempo con los otros seguidores suyos (COMUNIÓN de vida): “Eligió a los que él quiso y vinieron donde él. Instituyó a Doce para que vivieran con él” (Mc 3, 13-14).
  • Seguir a Cristo es vivir  como él (configuración con Cristo: CONSAGRACIÓN). Seguir a Cristo implica no sólo estar al lado de Cristo o acompañarlo, sino compartir sus mismos riesgos y esperanzas, compartir su misma  vida, vivir como vivió él.
    • Amor total e inmediato a Dios y al hombre (virginidad).
    • Actitud de obediencia total al Padre (obediencia).
    • Disponibilidad de lo que es y tiene para los demás (pobreza)
  • Seguir a Cristo es compartir su MISIÓN: adelantar aquí y ahora el modo propio del Reino consumado. 
  • Resultado de imagen de monasterio benedictino de valdejimena

Seguir a Cristo es estar dispuesto a todo por él, es fiarse de él sin otra garantía que él mismo, renunciar a toda seguridad fuera de él… Seguir
a Cristo implica una decisión personal que compromete toda la vida.

Con el paso de los siglos, la tradición benedictina se ha ido dilatando y ha ido integrando en su seno tal variedad de formas y matices, que resulta inexacto hablar propiamente del carisma de San Benito. Más bien tendríamos que hablar del carisma benedictino para referirnos a ese modo concreto y peculiar de ofrecer a los hombres y mujeres los valores evangélicos transmitidos en la Regla de San Benito.
En este contexto, me gustaría hacer alusión hoy a dos polos característicos de nuestra vida que, lejos de rechazarse, se exigen mutuamente, en contra de lo que a muchos quizá espontáneamente pudiera parecer. Estos dos polos son la contemplación y la comunidad.
Resultado de imagen de trabajo y oracion en comun segun san benito abad
La contemplación parece que evoca un ámbito de la vida privada, dado que la soledad, el silencio y el retiro del “mundo” son condiciones esenciales para toda vida contemplativa. Sin embargo, el “toque” cisterciense ha consistido precisamente en haber sabido superar esta antítesis en un equilibrio superior que ha logrado aunar perfectamente el ideal contemplativo y sus requisitos, con el comunitario; la ascética heredada de los padres del desierto con el ideal comunitario de toda vida cristiana. 
Precisamente una pregunta que se hacen todos los autores es cómo poder compaginar la soledad contemplativa con la vida común, cómo poder ser un solitario (monachos) viviendo en comunidad. Varios textos famosos dan respuesta a esta cuestión. En ellos podemos ver cómo la soledad sufre un desplazamiento con respecto a la soledad física del eremita: en la soledad se interioriza, se convierte en una “soledad del corazón”, es decir, se identifica con el silencio interior, que es el ámbito donde tiene lugar la experiencia contemplativa.
Y lo genial  está precisamente aquí: ese desplazamiento de la soledad al ámbito del corazón es lo que les va a permitir enlazar la más pura espiritualidad heredada del desierto, de “los antiguos monjes”, con el ideal cristiano irrenunciable del amor fraterno, de la iglesia, del cuerpo de Cristo, en suma, de la comunidad.
Resultado de imagen de vida de oracion y trabajo contemplativo del monje benedictino

Y, ¿cómo logran esto? Afirmando que la iglesia, la comunidad, emerge precisamente del fondo mismo de esa soledad interior del corazón, es decir, del ejercicio y de la profundidad de la vida contemplativa. En efecto, la contemplación, por ser esencialmente la restauración del amor, crea espontáneamente una comunidad auténtica, y toda comunidad digna de ese nombre, ha de ser un poco contemplativa. De ahí que estos dos elementos: soledad y vida común, contemplación y comunidad, no sólo no se rechazan sino que se solicitan y apoyan uno a otro y crecen conjuntamente. Existe, pues, una estrecha interacción entre estos tres elementos: contemplación, restauración del corazón y comunidad. El fruto es la unidad: consigo mismo, con Dios y con la comunidad.
Soledad, comunidad, desierto, paraíso. La vida del monje fiel a San Benito es todo eso. La vida común, el amor fraterno, no impiden que cada uno sea un perfecto solitario en su corazón. La soledad del alma, la vida contemplativa, permiten la auténtica vida de comunidad y el desarrollo del más profundo amor fraterno, llegando a veces hasta el paroxismo de la experiencia mística.
Unidad en el amor: consigo mismo, con los hermanos y con Dios que es reflejo de la unidad que Dios mismo es en sí. Tal es la comunidad cisterciense. Al final, todo desemboca en la unidad. Y es que como todo verdadero contemplativo, el monje benedictino tiene la nostalgia de la unidad; experimenta la necesidad de ordenarlo todo, no tanto intelectualmente cuanto cordialmente, de reunirlo todo en la paz y la tranquilidad de un corazón que ama y de una comunidad cuyos miembros se aman mutuamente. En la unidad divina, es donde toda otra unidad encuentra, no sólo su modelo, siResultado de imagen de trabajo y oracion en comun segun san benito abadno también su sustento.

Restaurar la concordia por la unión con el Dios Amor es, pues, restaurar la comunidad. Al expandirse el amor hacia los demás el resultado es una comunidad contemplativa unida en la concordia. Contemplación y comunidad progresan juntos.
Que San Benito, interceda hoy por nosotros y por todos los que comparten su ideal de vida, y nos contagie su pasión por la búsqueda del Rostro de Dios y su entusiasmo por ser constructores de concordia en nuestra vida fraterna comunitaria.

Resultado de imagen de monasterio benedictino de valdejimena





No hay comentarios:

Publicar un comentario