01 septiembre 2018

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B 2 DE SEPTIEMBRE


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PRIMERA LECTURA   


Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

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Salmo responsorial: Salmo 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5 (R.: 1a)

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SEGUNDA LECTURA


Lectura de la carta del apóstol Santiago 1, 17-18. 21b-22. 24


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EVANGELIO


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2 cruzLectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23



Este domingo se nos presenta el Evangelio de San Marcos en su capítulo séptimo, para que reflexionemos, y profundicemos en este tiempo litúrgico del año. El relato leído transcurre durante la actividad pública de Jesús en Galilea. La primer parte referida a la discusión acerca de las tradiciones,  en donde los protagonistas vuelven a ser los fariseos y letrados. Y una segunda parte en la que Jesús como Maestro responde enseñando sobre lo puro y lo impuro. 
Dice la Palabra que los fariseos y letrados venían de Jerusalén, en aquel momento esta era la ciudad judía por excelencia y cabeza de la provincia de Judea. Para llegar a Galilea debían  recorrer alrededor de 150 km, lo que distaba entre ambas ciudades.
Los fariseos y letrados eran judíos, ambos caracterizados por ser muy estrictos en observar la ley de Moisés, y en hacerla cumplir al pueblo. Eran conocidos como los doctores de la Ley, pero su interpretación era muy literal, sin llegar al verdadero significado. Es por eso que varias veces en el Evangelio encontramos que Jesús expone las incoherencias de ellos entre la práctica de la Ley, y su contenido.
Cuando hablamos de pureza, o puro se hace referencia a lo contrario de sucio o manchado. Para quitar la suciedad del cuerpo, es necesario lavarlo. En la tradición del Antiguo Testamento se atribuía una gran importancia a los rituales, por ejemplo, a lavarse las manos antes de comer, de lo que habla el texto antes citado. Numerosas y detalladas prescripciones se referían a lavarse el cuerpo en relación con la impureza. Estas eran impuestas en nombre de Dios y, la observancia de ellas adquiría, indirectamente, un significado religioso.
Es por eso que los judíos se le acercan a Jesús, y le presentan en un tono de “queja” el obrar de sus discípulos, exponiéndolos como transgresores de la tradición. Jesús los escucha, y les responde citando al Profeta Isaías; “este pueblo me honra con los labios, pero su corazón esta lejos de mí” (Is. 29. 13).
Jesús los tilda de hipócritas. La hipocresía es la actitud de fingir creencias, sentimientos o virtudes que no se tienen o no se siguen.
Jesús señala que se está mezclando y confundiendo los preceptos meramente humanos, con los mandamientos de Dios. Los preceptos del hombre no son malos en sí mismos, pero en este momento de la historia del pueblo de Israel, se agregaban a la vida cotidiana prácticas, y ritos extraños a los mandamientos o al verdadero espíritu de la Palabra de Dios, que con tanto énfasis buscaban “observar” y cumplir.
El ser humano debe siempre orientarse a los mandamientos de Dios, de esto se trata la vida cristiana. Los mandamientos deben ser su hoja de ruta, no límites como algunos preceptos humanos, sino más bien ordenadores de la vida, para lograr la felicidad no sólo en el cielo sino tambien aquí mismo en la tierra. Feliz es el que escucha la Palabra de Dios, y la practica (Lc. 11, 28).
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Jesús advierte a quienes se enfocan más en los preceptos del hombre, y que se desentienden de los mandamientos de Dios. No se puede proclamar con los labios ni con gestos aquello que no se siente, ni se vive en el corazón. Jesús les explica la verdadera intención de la Ley, ya que los fariseos y letrados habían recibido un sentido material a las palabras espirituales de los Profetas, que se referían a la corrección del espíritu y del cuerpo. Con estas prácticas los judíos se lavaban más para purificarse exteriormente, descuidando de lavar las verdaderas manchas de sus cuerpos.
Podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del ser humano: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Jesús les señala una larga lista de actos humanos que verdaderamente hacen impuro al hombre, mostrándoles que tal preocupación por los alimentos ingeridos sin previo lavado de manos, es inútil. Más bien debían preocuparse por lo que nace y sale del interior del hombre; el pecado.
Dios ve en el corazón, en lo íntimo de cada uno, la fuente de la pureza, que lo hace noble y bueno, pero así también ve la impureza moral que lo hiere y corrompe. Dios conoce el corazón humano, esto más que una enseñanza es un acto de conciencia, saber que conoce nuestro interior, nos hace querer ser agradable a sus ojos. Es la vida interior, lo que se tiene dentro, y que se vive en el corazón, lo que determina nuestra vida exterior.
Mi Dios, cercano y amigo,
que habitas en mi corazón,
cada día sigo en tu búsqueda.
Sé que cualquier rincón del camino es bueno para el encuentro,
que en cualquier ser humano me sales al paso,
que en cualquier instante te dejas ver y me das la gran sorpresa
Todo tiene tu rostro, tu voz, tu nombre.
Eres el tesoro de la vida, el tesoro de mi vida.
A veces te busco en las nubes o en la letra de los libros,
y no encuentro más que palabras que se lleva el tiempo.
A veces te busco en las estrellas y más allá,
pero tú estas siempre más acá, tan cerca de mí que no te distingo.
Estás allí donde hay un corazón que sufre,
un amigo que se halla en problemas,
una historia humana que necesita ser reconstruida,
un niño que llora cuando debía sonreír,
un anciano que mendiga compañía
Ayúdame a buscarte donde tú vives,
a reconocer que mi mundo es tu mundo,
que tu cielo está aquí entre nosotros,
que nuestra esperanza es para el más allá
pero se realiza en el tiempo presente.
Mi Dios, cercano y amigo,
con quien voy construyendo un mundo de esperanza
Que acepte tu voz de Padre en mis hermanos,
que sienta tu mano de amigo en mis proyectos,
que viva tu realidad de Dios en la cercanía de los que amo.
Porque tú eres familia, eres comunidad, eres parroquia.
Gracias, mi Dios, cercano y amigo,
tan divino que, en Jesús, te has hecho hombre como nosotros.
Gracias, mi Dios, cercano y amigo para siempre.
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.

Amén.
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