
En el Libro de la Sabiduría, en su capitulo siete, que es nuestra primera lectura de hoy, se nos tiende una mano: necesitamos la Sabiduría de Dios para mejor seguir su camino. Es un don preciado de Dios que no debemos olvidar ni desaprovechar.
La sabiduría antigua reflejaba que la vida humana es breve y, según el pueblo judío, el pecado la acortaba aún más. El hombre sabio es el que mejor aprovecha el tiempo. Y eso es lo que nos dice el salmo número 89. Su mensaje es actual para todos nosotros, aquí y ahora.
El autor de la Carta a los Hebreos –es nuestra segunda lectura-- realiza una genial descripción del efecto en el hombre de la Palabra de Dios. El breve texto que escuchamos hoy es todo un programa de principios para el pueblo cristiano.
En el evangelio de San Marcos vemos como el Señor mira con cariño a un joven que quiere seguirle. Las riquezas impedirán a aquel muchacho convertirse en apóstol. Este domingo acompañamos a Jesús ya en el territorio de Judea, acercándose a Jerusalén. Se le siguen acercando aspirantes a discípulos y él les marca las exigencias de ese seguimiento, igual que hace con nosotros, hoy.
"Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría" (Sb 7, 7). El autor del libro sagrado exulta de gozo. Ha rogado a Dios que le conceda la sabiduría y Dios le ha escuchado, ha satisfecho su deseo. Él no pedía riquezas, ni salud, ni prosperidad. Él sólo quiso ser prudente, tener la justa medida de las cosas, poseer la sabiduría que le hiciera comprender el sentido real de la vida y de la muerte, capaz de verlo todo bajo el prisma mismo de Dios.
Cómo tenemos que aprender a pedir al Señor lo que más nos conviene, lo que en verdad es mejor para nosotros. A veces, por no decir siempre, pedimos solamente cosas materiales, cosas que duran poco o que sirven para gran cosa: éxito en los negocios, suerte en la lotería o en las quinielas, salud para el cuerpo, una vida confortable y sin complicaciones. Cosas que son buenas, sí, pero que no son las más importantes, ni las más necesarias. Cosas que se quedan en la materia, sin tener en cuenta las exigencias del espíritu. Cosas que a menudo son incluso un estorbo para vivir mejor nuestro cristianismo. Cosas que, a la larga, nos alejan del Señor. Si todo lo tuviéramos solucionado, terminaríamos olvidándonos de Dios.
Hoy, reflexionando ante la oración del sabio de la Biblia, vamos a pedirte con él, Señor, que nos concedas la sabiduría. Ese don del Espíritu Santo que nos haga vivir de otro modo. Más conscientes del valor relativo que tienen las cosas materiales. Persuadidos de que una sola cosa es necesaria, sólo una es imprescindible, sólo una es definitiva: vivir y morir plenamente nuestra fe de cristianos, esta aventura fabulosa de amarte sobre todas las cosas, y de querer sinceramente a los demás. Somos torpes, pobres ciegos incapaces de descubrir la luz, caminando sin rumbo por una noche perenne. Sé tú, Señor, nuestro buen lazarillo, atiende nuestra súplica y concédenos la sabiduría.
¡SÍGUEME! "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" (Mc 10, 17).El joven rico del Evangelio ha quedado como prototipo de vocación frustrada, de ilusiones rotas, de deseos fallidos. Él tenía buena voluntad e inquietud por ser cada vez mejor, por alcanzar metas más altas. Aspiraba nada menos que a conquistar la vida eterna. En esto es ya un ejemplo para cada uno de nosotros, tan conformistas a veces, tan aburguesados a menudo, tan amigos de la postura horizontal, tan dados a no querer complicarnos la vida, como si fuera suficiente un ir tirando para lograr el premio final. No nos engañemos y despertemos de nuestro cómodo dormitar en una mediocridad anodina. Sólo los esforzados, los violentos, los que luchan por mejorar cada día, alcanzarán la dicha de los justos. El Señor responde a aquel muchacho que tantas ganas tenía de ser perfecto. Primero es preciso cumplir los mandamientos de la Ley de Dios. Ese es el principio, los cimientos sobre los que hemos de edificar nuestra amistad con Dios. Nadie, en efecto, puede ser amigo suyo y al mismo tiempo no cumplir sus mandatos. Eso sería una paradoja, un absurdo, una mentira. Vosotros sois mis amigos nos dice Jesús, si hacéis lo que os mando.
Pero ese muchacho quiere más, su espíritu anhela volar alto, llegar hasta la cima más elevada de la perfección. Al verle tan audaz y entusiasmado, Jesús le mira con amor. El Señor gusta de corazones apasionados, capaces de grandes sueños, de proyectos imposibles e ilusiones juveniles, de espíritus con aire deportivo que luchan por llegar lo más arriba posible en el itinerario hacia Dios. Lástima que este muchacho se echara atrás en el momento decisivo. Su mirada clara y luminosa se ensombreció, su corazón joven envejeció de pronto, se anquilosó. El que vino con tanta urgencia se quedó parado en su marcha hacia adelante, se retiró entristecido. El que hubiera sido quizá otro discípulo amado, otro apóstol apasionado y valiente, se quedó enmarcado en ese personaje triste que dijo que no a la llamada de Dios.
También hoy pasa Jesús por nuestras calles, también hoy muchos corren tras de él con el corazón cargado de ilusiones y de buenos deseos. Como entonces, hay quienes le siguen después de haberlo abandonado todo por él, encontrando luego cien veces más de cuanto dejaron. Otros, como el joven rico, se echan atrás cuando oyen la voz del Señor que los llama a una vida abnegada y generosa, se quedan tristes y aburridos, agarrados a esas riquezas caducas que de poco les servirán.
Terminando estas reflexiones, nos viene la preocupación por la gran crisis vocacional; pero hay que matizar y hacernos algunas preguntas. He tenido numerosas experiencias de solicitudes de jóvenes para hacer experiencia para una vida consagrada monástica, pero aclarando que quieren, solo, en lugares en que se conserve la fidelidad a los orígenes y la austeridad fundacional. Varios habían visitado varios monasterios y quedaron desilusionados por la gran diferencia en la vida del lugar y la idea del Fundador y la historia de generosidad de generaciones anteriores. Buscaban algo concreto, contrariamente a lo que piensan muchos.., no quieren los contemplativos light, o "actualizados", sólo quieren los -originales-. Os invito a preguntar en los monasterios conocidos que "han progresado en su puesta al día", cuántas vocaciones tienen; y luego buscad los monasterios de estricta observancia, la mayoría de ellos están en Francia, Italia, etc., y os asombraréis de la juventud de sus numerosas comunidades, de la exigencia y austeridad de su vida y la constante solicitud de aspirantes... os pregunto para que tengáis una idea personal sobre el problema, ¿dónde radica de verdad, el problema vocacional? No os dejéis engañar por la simplificación facilona de los que echan la culpa a todo lo exterior..., el problema está "dentro".
La Abadía de Notre-Dame de Fontgombault es un monasterio benedictino situado en Fontgombault en el departamento de Indre, en la provincia de Berry, Francia.En 1091 Pierre de l’Étoile fundó un monasterio benedictino en los bancos del río Creuse, cerca de la fuente o manantial de Gombaud. En los siglos XII y XIII la abadía experimentó un crecimiento vigoroso y estableció una veintena de prioratos. Ahora es la más poblada de las fundaciones, que comprende más de unos 80 monjes, y tiene a su vez fundadas otras tres casas religiosas en Francia – Randol, (1971), Triors (1984) y Gaussan (1994) – como así como Clear Creek en los Estados Unidos en 1999.
La abadía se centra en el uso del canto gregoriano. Los monjes celebran la Misa con el vetus ordo.
La abadía se centra en el uso del canto gregoriano. Los monjes celebran la Misa con el vetus ordo.
Esta misma abadía ha sido la que se ofreció para fundar en España un monasterio con sus mismas características, debido a las numerosas peticiones de jóvenes españoles que desean vivir como ellos la vida benedictina y no sienten atractivo por otros monasterios españoles, pero hasta el momento no se ha podido conseguir un lugar y una Diócesis que nos ofrezca la posibilidad, rezamos al Señor para que si es su Voluntad, se pueda conseguir, confiamos en vuestro apoyo.

https://youtu.be/wRje2fG6oKY(videos)
Otro monasterio francés que os invito a conocer, a través de su Web o de su DVD Vigilantes en la noche. Su vida es fidelísima a los orígenes y Dios les bendice con vocaciones y una vida que atrae a numerosos huéspedes y visitantes. Otro testimonio de cuáles son las causas de la crisis vocacional.

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