14 febrero 2015

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B- 15 DE FEBRERO


Resultado de imagen de jesus cura a un leproso, jesus perdona los pecados el pecado lepra del alma

El libro del Levítico, que es nuestra primera lectura, nos muestra la terrible ordenación jurídica y religiosa sobre los leprosos. Ni siquiera podían vestir con decoro. Era la enfermedad más contagiosa conocida hasta entonces y la Ley ponía inhumanos medios para evitar su propagación. La venida de Cristo cambiará radicalmente esa Ley tan dura.
 Salmo Penitencial este número 31 que proclamemos hoy. Si reconocemos nuestro pecado seremos perdonados. Si, por el contrario, nuestra soberbia ciega a naturaleza de nuestra falta el perdón no llegará. Nos pide este salmo que dejemos la soberbia y acudamos cerca de Dios, que, como Padre Bueno, perdona y olvida todas nuestras faltas.
 La lección de Pablo en el breve fragmento que escucharemos de la primera Carta los fieles de Corinto es singular. Dice que todo lo que hay en el mundo es bueno y sirve para dar a gracias a Dios. Somos nosotros los que distinguimos absurdamente viendo cosas malas donde solo hay buenas. Tendríamos que hacer todo, como nos dice San Pablo, para gloria de Dios, pero no lo hacemos así. Y de ahí, los muchos problemas que sufre nuestro mundo.
 Jesús rompe la durísima ley que separaba a los leprosos del mundo. La curación es sin duda la solución universal al problema. Pero a nosotros la enseñanza que recibimos de este texto evangélico es que debemos reconocer nuestras limitaciones, faltas y problemas y como el leproso del Evangelio ponernos ante el Señor para decirle: “si quieres puedes limpiarme”. Encomendar a Él la solución de nuestras angustias. Y, eso sí, cuando nos veamos limpios no dejemos de dar gracias a Dios. No lo olvidemos.

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Marcos 1,40: La situación de abandono y de exclusión de un leproso Un leproso se acerca a Jesús. Era un excluido, impuro. Debía ser alejado de la convivencia humana. Quien se le acercaba también quedaba impuro Pero aquel leproso tenía mucho valor. Hace caso omiso de las normas de la religión para poder estar cerca de Jesús. Le dice: “¡Si quieres, puedes curarme!” O sea: “¡No hay necesidad de que me toques! ¡Basta que lo quieras, para que yo sea curado!”. La frase revela dos males: 1) el mal de la enfermedad de la lepra que lo convertía en impuro; 2) el mal de la soledad a la que estaba condenado por la sociedad y por la religión. Revela también la gran fe de los hombres en el poder de Jesús.

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Marcos 1,41-42: Acogiendo y curando al leproso Jesús revela el nuevo rostro de Dios Profundamente compasivo, Jesús cura los dos males. En primer lugar, para curar el mal de la soledad, toca al leproso. Es como si le dijese: “Para mí, tú no eres un excluido. ¡Te acojo como hermano!” En segundo lugar, cura la enfermedad de la lepra diciendo: “¡Quiero! ¡Queda limpio!” Para poder entrar en contacto con Jesús, el leproso había transgredido las normas de la ley. Jesús, para poder ayudar al excluido y así revelar el nuevo rostro de Dios, transgredió las normas de su religión y toca al leproso. En aquel tiempo, quien tocaba a un leproso se convertía en impuro a los ojos de las autoridades religiosas y ante la ley de la época. 
 
Marcos 1, 43-44: Reinsertar a los excluidos en la convivencia fraterna Jesús no sólo cura, sino que quiere que la persona curada pueda de nuevo convivir con los otros. Reintegra a la persona en la convivencia. En aquel tiempo, para que un leproso fuera de nuevo acogido en comunidad, tenía necesidad de un certificado de curación dado por un sacerdote. Así estaba escrito en la ley con respecto a la purificación de un leproso (Lev 14, 1-32) Lo mismo sucede hoy. El enfermo sale del hospital con la cartilla médica firmada del correspondiente médico. Jesús obliga al leproso a consignar el documento a las autoridades competentes de modo que pueda reinsertarse con normalidad en la sociedad. Obligando así a las autoridades a reconocer que el hombre ha sido curado.
 
Marcos 1, 45: El leproso proclama el bien que Jesús le ha hecho y Jesús se convierte en excluido Jesús había prohibido al leproso el hablar de la curación. Pero éste no lo hace. El leproso, comenzó a proclamar y a divulgar el hecho, al punto que Jesús no podía entrar públicamente en una ciudad. Sino que se quedaba fuera en lugares desiertos. ¿Por qué Jesús se quedaba fuera en lugares desiertos? Jesús había tocado al leproso. Por tanto, según la opinión de la religión de aquel tiempo, ahora él mismo estaba impuro, y debía vivir alejado de todos. No podía entrar en las ciudades. Pero Marcos indica que a la gente no le importaba mucho estas normas oficiales, sino que ¡… venían a él de todas partes!

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Los ocho criterios para evaluar la Misión de la Comunidad
 
Una doble esclavitud marcaba a la gente de la época de Jesús: la esclavitud de la religión oficial, mantenida por las autoridades oficiales de la época, y la esclavitud de la política de Herodes, apoyada por el Imperio Romano y sostenida por todo el sistema organizado de violencia y represión. A causa de todo esto, una gran parte de la gente era excluida de la religión y de la sociedad. ¡Al contrario, por tanto, de la fraternidad que Dios soñó para todos! Y es precisamente en este contexto en donde Jesús comienza a desarrollar su misión de anunciar la Buena Nueva de Dios. El evangelio de este domingo forma parte de una unidad literaria más amplia (Mc 1,16-45).Además de la descripción de la preparación de la Buena Nueva (Mc1,1-13) y de su proclamación (Mc 1,14-15), Marcos reúne ocho actividades de Jesús para describir cómo fue la misión de Jesús de anunciar la Buena Nueva y cómo debe ser la misión de las comunidades (Mc 16-45).


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 Es la misma misión que Jesús recibió del Padre (Jn 20,21). Marcos recoge estos episodios, que se transmitían en las comunidades oralmente, y los une entre sí como viejos ladrillos de una nueva pared. Estos ocho episodios son ocho criterios que sirven a las comunidades para una buena revisión y para verificar si están desarrollando bien su misión. Veamos:
 
Mc 1,16-20: Crear comunidad La primera cosa que Jesús hace es llamar a las personas para que lo sigan. Una tarea fundamental de la misión es congregar las personas en torno a Jesús y crear comunidad.
Mc 1,21-22: Suscitar una conciencia crítica La primera cosa que la gente percibe es la diferencia entre la enseñanza de Jesús y la de los escribas. Forma parte de la misión obrar de modo que la gente asuma una conciencia crítica, incluso ante la religión oficial.
Mc 1,23-28: Combatir el poder del mal El primer milagro de Jesús es la expulsión de un espíritu impuro. Forma parte de la misión combatir el poder del mal que destruye la vida y aliena a las personas de si misma.
Mc 1,29-31: Restaurar la vida mediante el servicio Jesús cura la suegra de Pedro, y ésta se levanta y empieza a servir. Forma parte de la misión preocuparse de los enfermos de modo que puedan alzarse y de nuevo ofrecer a los otros sus servicios.
Mc 1,32-34: Acoger a los marginados Después que pasó el sábado, la gente llevaba delante de Jesús a todos los
enfermos y endemoniados para ser curados por Jesús, y él los cura a todos, imponiendo sus manos. Forma parte de la misión acoger a los marginados.
Mc 1,35: Permanecer unidos al Padre mediante la oración Después de un día de trabajo que se prolonga hasta el atardecer, Jesús se levanta pronto para poder orar en un lugar desierto. Forma parte de la misión permanecer unidos a la fuente de la Buen Nueva, que es el Padre, mediante la oración.
Mc 1, 36-39: Mantener la conciencia de la misión Los discípulos estaban contentos de los resultados y querían que Jesús volviese. Pero él continuó por su camino. Forma parte de la misión no contentarse con el resultado obtenido, sino mantener viva la conciencia de la misión.
Mc 1,40-45: Reinsertar a los marginados en la convivencia Jesús cura a un leproso y pide que se presente al sacerdote para poder ser declarado curado y poder volver a vivir entre la gente. Forma parte de la misión reinsertar a los excluidos en la convivencia humana.

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Estos ocho puntos tan bien escogidos por Marcos indican la finalidad de la misión de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 19,19. ). Estos mismos ocho puntos pueden servir para evaluar nuestra comunidad. Así se ve cómo Marcos ha construido su evangelio. Una bella construcción que ha tenido en cuenta dos cosas al mismo tiempo: 1) Informar a las personas respecto a lo que Jesús ha hecho y ha enseñado; 2) formar las comunidades y a las personas en la misión de anunciadores de la Buena Nueva de Dios.
 En el antiguo lenguaje de los Salmos, sentimos que podemos expresar nosotros hoy, los mismos sentimientos:

Salmo 125 (124)
 
¡Quien confía en el Señor no vacila!


Los que confían en Yahvé son como el monte Sión, inconmovible, estable para siempre.
 
¡Jerusalén, de montes rodeada! Así rodea a su pueblo Yahvé desde ahora y para siempre.
Nunca caerá el cetro impío sobre la heredad de los justos, para que los justos no alarguen su mano a la maldad.
 
Favorece a los buenos, Yahvé, a los rectos de corazón. ¡A los que se desvían por sendas tortuosas los suprima Yahvé con los malhechores! ¡Paz a Israel!

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Y que nuestra confianza en el Señor, nuestra humildad, la constancia en la oración, nos haga recibir a nosotros y al mundo entero la capacidad de ver la Verdad, la fortaleza para seguirla y la caridad para comunicarla a todos para su salvación.
Estamos inmersos en el "mundo" en la dinámica de lo que llaman Carnaval y que en el fondo con su origen y tradición, con una manera disimulada y atractiva va llevando a los incautos a actitudes y situaciones que de una manera normal y más racional nunca habrían ido.  El engaño de quien está detrás, el gran enemigo del hombre, la antigua serpiente, Satanás, lleva a la carnalidad, a dar rienda suelta a la liviandad y permisividad, convirtiendo nuestras almas en víctimas propicias y verdaderos leprosos a los ojos de Dios.  La lepra del pecado por ser espiritual, destructiva de los valores morales del hombre y capaz de alejarnos gradualmente de Dios, hasta traicionarlo, nos hace comprometernos junto a la larga lista de almas generosas que de uno a otro confín, conscientes de la situación, emprenden con amor y confianza unos días de compromiso penitencial orante, especialmente delante del Santísimo Sacramento del Altar, ofreciéndolo todo como reparación por los pecados del mundo entero y rogando humildemente que los que caigan en la "terrible lepra del pecado" sean limpiados por la infinita Misericordia Divina. Espero te sientas llamado a comprometerte en esta santa unión de almas reparadoras, Dios te lo pagará y salvarás muchas almas...   UIOGD

                                                           
                                                           
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