21 mayo 2015

PREPARANDO EL CAMINO A PENTECOSTÉS DE LA MANO DE LA VIRGEN 20 Y 21 DE MAYO

“La Iglesia profesa incesantemente su fe: existe en nuestro creado un Espíritu, que es un don increado. Es el Espíritu del Padre y del Hijo; como el Padre y el Hijo, es increado, inmenso, eterno, omnipotente, Dios y Señor. Este Espíritu de Dios <llena la tierra> y todo lo creado reconoce en El la fuente de su propia identidad, en El encuentra su propia expresión transcendente, a El se dirige y lo espera, lo invoca con un mismo ser. A El, como Paráclito, como Espíritu de la verdad y del amor, se dirige el hombre que vive de la verdad y del amor y que sin la fuente de la verdad y del amor no puede vivir. A El se dirige la Iglesia, que es el corazón de la humanidad, para pedir por todos y para dispensar a todos aquellos dones del amor que por su intercesión <ha sido derramado en nuestros corazones>. A El se dirige la Iglesia a lo largo de los intrincados caminos de la peregrinación del hombre sobre la tierra; y pide, de modo incesante, la rectitud de los actos humanos como obra suya; pide el gozo y el consuelo que solamente El, verdadero consolador, puede darnos descendiendo a la intimidad de los corazones humanos; pide la gracia de las virtudes, que merecen la gloria celeste; pide la salvación eterna en la plena comunicación divina a la que el Padre ha <predestinado> eternamente a los hombres creados por amor a imagen y semejanza de la Santísima Trinidad”. 

 ** “El Espíritu Santo se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acción son universales, sin límite alguno ni de espacio ni de tiempo. El Espíritu ofrece al hombre <su luz y su fuerza> para que pueda responder a su máxima vocación; mediante el Espíritu el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino; más aún debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad -según nos dice “Gaudium et Spes”, en el Concilio Vaticano II- de que, en la forma que sólo Dios conoce, se asocien a este misterio pascual… El Espíritu está, pues, en el origen mismo de la pregunta existencial y religiosa del hombre, la cual no surge sólo de situaciones contingentes, sino de la estructura misma de su ser… La presencia y actividad del Espíritu no afecta únicamente a los individuos, sino también a la sociedad, a la historia, a los pueblos, a las culturas, a las religiones. En efecto, el Espíritu se halla en el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad en camino”.
“El Espíritu es también para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización. Será, por tanto, importante descubrir al Espíritu como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo, animando a los hombres en su corazón y haciendo germinar en la vivencia humana las semillas de la salvación definitiva que se dará al final de los tiempos”.
 
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DIA 21
 
SAN JUAN DE AVILA: 

 ** “Señor, con vos solo estoy contento; vos solo bastáis para saciarme; sin vos no quiero a nadie y con vos todo lo tengo; estad vos conmigo y falténme todos; consoldadme vos y desconsuéleme todo el mundo; sed vos conmigo y todo el resto contra mí”. 

 ** “¡Oh soplo bienaventurado, que llevas las naos al cielo! Muy peligroso es este mar que navegamos; pero con este aire y tal Piloto seguro iremos. ¡Cuántas naves van perdidas! ¡Cuántos vientos contrarios corren y grandes peligros! Mas en soplando tú, piadoso Consolador, las vuelves a puerto seguro. ¿Quién podrá contra los bienes que nos haces y los males de que nos guardas? De allá sales como viento y allá vuelve, al Padre y al Hijo; de allá te espiran y allá espiras tú a tus amigos; allá los guías, allá los llevas, para allá los quieres”. 

 ** “Espíritu Santo, Huésped del alma, por los merecimientos de Jesucristo y por aquella sangre que derramó en la cruz por nosotros, ten por bien a venir a nuestros corazones y sanar nuestras almas, alumbrar nuestros entendimientos para que conozcamos a Dios, enderezar nuestra voluntad para solamente amar a Dios y olvidarnos de las cosas del suelo, sujetar nuestra carne, darnos humildad, castidad y caridad para con nuestros prójimos y darnos tus siete dones para que teniendo tu gracia nos des la gloria”. 
 
 
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