** “El Espíritu Santo se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acción son universales, sin límite alguno ni de espacio ni de tiempo. El Espíritu ofrece al hombre <su luz y su fuerza> para que pueda responder a su máxima vocación; mediante el Espíritu el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino; más aún debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad -según nos dice “Gaudium et Spes”, en el Concilio Vaticano II- de que, en la forma que sólo Dios conoce, se asocien a este misterio pascual… El Espíritu está, pues, en el origen mismo de la pregunta existencial y religiosa del hombre, la cual no surge sólo de situaciones contingentes, sino de la estructura misma de su ser… La presencia y actividad del Espíritu no afecta únicamente a los individuos, sino también a la sociedad, a la historia, a los pueblos, a las culturas, a las religiones. En efecto, el Espíritu se halla en el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad en camino”.
“El Espíritu es también para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización. Será, por tanto, importante descubrir al Espíritu como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo, animando a los hombres en su corazón y haciendo germinar en la vivencia humana las semillas de la salvación definitiva que se dará al final de los tiempos”.
“El Espíritu es también para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización. Será, por tanto, importante descubrir al Espíritu como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo, animando a los hombres en su corazón y haciendo germinar en la vivencia humana las semillas de la salvación definitiva que se dará al final de los tiempos”.
DIA 21
SAN JUAN DE AVILA:
** “Señor, con vos solo estoy contento; vos solo bastáis para saciarme; sin vos no quiero a nadie y con vos todo lo tengo; estad vos conmigo y falténme todos; consoldadme vos y desconsuéleme todo el mundo; sed vos conmigo y todo el resto contra mí”.
** “¡Oh soplo bienaventurado, que llevas las naos al cielo! Muy peligroso es este mar que navegamos; pero con este aire y tal Piloto seguro iremos. ¡Cuántas naves van perdidas! ¡Cuántos vientos contrarios corren y grandes peligros! Mas en soplando tú, piadoso Consolador, las vuelves a puerto seguro. ¿Quién podrá contra los bienes que nos haces y los males de que nos guardas? De allá sales como viento y allá vuelve, al Padre y al Hijo; de allá te espiran y allá espiras tú a tus amigos; allá los guías, allá los llevas, para allá los quieres”.
** “Espíritu Santo, Huésped del alma, por los merecimientos de Jesucristo y por aquella sangre que derramó en la cruz por nosotros, ten por bien a venir a nuestros corazones y sanar nuestras almas, alumbrar nuestros entendimientos para que conozcamos a Dios, enderezar nuestra voluntad para solamente amar a Dios y olvidarnos de las cosas del suelo, sujetar nuestra carne, darnos humildad, castidad y caridad para con nuestros prójimos y darnos tus siete dones para que teniendo tu gracia nos des la gloria”.
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