
El 13 de mayo de 1917, tres pastorcillos de entre 7 y 10 años (Jacinta, Lucía y Francisco) vieron
una dama “más brillante que el sol, derramando rayos de luz más clara y más fuerte que una copa de cristal llena del agua más brillante y atravesada por los ardientes rayos del sol”.
La mujer llevaba un manto blanco ribeteado de oro y tenía un rosario en la mano.
Jacinta divulgó lo que habían visto a pesar de la advertencia de Lucía; la madre incrédula de Jacinta bromeó con los vecinos acerca de ello esa noche.
Los niños insisten en que se les había ordenado a volver a Cova da Iria en el trece del mes siguiente.
El párroco, P. Ferreira, sugirió que se les permita ir y que le llevaran a Lucia a él después para ser interrogada.
La segunda aparición se produjo el 13 de junio y la dama reveló que Francisco y Jacinta serían llevados al cielo pronto.
.
Pero Lucía viviría más tiempo con el fin de difundir su mensaje y la devoción al Inmaculado Corazón.
En esta misma visita, la señora les dijo que
“recen el Rosario todos los días para obtener la paz y el fin de la guerra”
A pesar que la Primera Guerra Mundial se había estado librando desde hacía dos años en otros lugares, en este punto, Portugal era muy nuevo para la guerra.
No había participado hasta marzo de ese año, cuando Alemania y Austria-Hungría declararon la guerra al país.
Las noticias llegaban muy lentamente y vagamente en estos días, sobre todo a aldeas remotas sólo se puede acceder a caballo.
A falta de una verdadera aparición, ¿cómo podrían unos niños campesinos simples haber conocido la amenaza de guerra, así como el conocimiento previo de su propia muerte?
Como preparación a las apariciones de Nuestra Señora, un ángel
quien se identificó como el "Ángel de Portugal", le habló en primer lugar a
los niños diciéndoles: "No temáis. Yo soy el ángel de la Paz. Rezad
conmigo".
Luego él se arrodilló, doblándose hasta tocar el suelo con su frente y rezó:
"Dios mío, yo creo, yo os adoro y yo os amo!, os pido perdón por aquellos que no
creen, no os adoran, no confían y no os aman!"
Él dijo esta oración tres veces. Cuando
acabó, le dijo a los niños:
"Rezad así. Los corazones de Jesús y María están
atentos a la voz de vuestras súplicas".
Él dejó a los niños quienes empezaron a decir
esta oración frecuentemente.
Las apariciones del Ángel de Portugal (1916)
En la Portugal rural del 1917 no es inusual el ver a los niños
llevando a sus rebaños a
pastorear. Esto es lo que los niños de la familia Marto y Santos, todos
primos, hacían
en estos días. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su
hermana Jacinta, los
que con gusto tomaban esta responsabilidad, agradecidos por la suerte
de estar al aire
libre y de jugar mientras las ovejas pastoreaban en silencio. Ellos
llevaban a pequeños
grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en
diferentes partes
de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblecito de
Fátima (donde se encontraba la
Iglesia parroquial ) y Aljustrel (donde vivían los niños). Dos
miradores
favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo
llamado Loca do Cabeço (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Ensenada
de Irene) a una corta distancia de
Fátima. En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el
curso de la vida
de estos niños y de la historia del siglo XX.
La primera aparición del Ángel de Portugal
En la primavera de 1916 Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron su primer encuentro con un
mensajero celestial. Escribiendo en sus memorias, compuestas bajo obediencia a su obispo,
Lucía nos cuenta sobre esa primera reunión:
Fuimos esa vez a la propiedad de mis padres, que está abajo del Cabeço, mirando hacia el
este. Se llama Chousa Velha.
Como a mitad de mañana comenzó a lloviznar y subimos la colina, seguidos de las ovejas,
en busca de una roca que nos protegiera. Así fue como entramos por primera vez en el
lugar santo. Está en la mitad de una arboleda de olivos que pertenece a mi padrino,
Anastasio. Desde allí uno puede ver la aldea donde yo nací, la casa de mi padre y
también Casa Velha y Eira da Pedra. La arboleda de pinos, que en realidad pertenece a
varias personas, se extiende hasta estos lugares.
Pasamos el día allí, ya que la lluvia había pasado y el sol brillaba en el cielo
azul. Comimos nuestros almuerzos y comenzamos a rezar el rosario. Después de eso,
comenzamos a jugar un juego con guijarros. Pasaron tan solo unos segundos cuando un fuerte
viento comenzó a mover los árboles y miramos hacia arriba para ver lo que estaba
pasando, ya que era un día tan calmado. Luego comenzamos a ver, a distancia, sobre los
árboles que se extendían hacia el este, una luz más blanca que la nieve con la forma de
un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rayos del sol. Al
acercarse pudimos ver sus rasgos. Nos quedamos asombrados y absorbidos y no nos dijimos
nada el uno al otro. Luego él dijo:
No tengáis miedo. Soy el ángel de la paz. Orad conmigo.
Él se arrodilló, doblando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos
lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir:
Dios mío, yo creo en Vos, yo os adoro, yo espero y yo os amo. Os pido perdón por los que
no creen, no os adoran, no esperan y no os aman.
Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo:
Orad de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharos.
Y desapareció. Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural que era tan intensa que
estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de
Dios era tan poderosa e íntima que aún entre nosotros mismos no podíamos hablar. Al día
siguiente, también esta atmósfera nos ataba, y se fue disminuyendo y desapareció
gradualmente. Ninguno de nosotros pensó en hablar de esta aparición o hacer ningún tipo
de promesa en secreto. Estabamos encerrados en el silencio sin tan siquiera desearlo.
El efecto intenso de esta aparición del Angel que tuvo sobre los niños, fue diferente a la
experiencia un tanto más serena con la de la Virgen al año siguiente. Lucía dice:
No sé por que, pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy
diferentes que los de las visitas del ángel. En las dos ocasiones sentimos la misma
felicidad interna, paz y gozo, pero en vez de la posición física de postrarse hasta el
suelo que impuso el ángel, nuestra Señora trajo una sensación de expansión y libertad,
y en vez de este aniquilamiento en la presencia divina, deseábamos solamente exultar
nuestro gozo. No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había
más bien por mi parte un deseo de comunicarme.
Esta diferencia puede tal vez ser explicada de la siguiente manera. Los ángeles
cualquiera que sea su coro tienen en común con Dios una naturaleza espiritual, no
mezclada con la materia. La bondad de su ser, llena de justicia divina de acuerdo con el
nivel de gloria dado a cada uno, irradia esa santidad sin mediación, por tanto
proporcionada a la capacidad de los seres humanos para experimentarla. No sin razón las
escrituras demuestran cuan fácil se puede confundir a un ángel apareciéndose a un
hombre con el mismo Dios. (Apoc. 19:10, 22:9). Sin embargo, cuando se aparece nuestra
Señora, aunque su gloria es mayor a la del más alto serafín, su naturaleza humana cubre
esta gloria, así como pasó con la naturaleza de nuestro Señor, aún después de su
Resurrección.
Aunque los ángeles también pueden aparecer en una forma más mundana, debe haber sido
parte del propósito divino el revelarle a los niños algo de la Santidad de Dios. Lucía
nos dice sobre este efecto que tardó en desaparecer:
Sus palabras se grabaron tan profundamente en nuestras mentes que nunca las olvidamos,
hasta el punto en que pasábamos largos ratos de rodillas repitiéndolas, a veces hasta
que nos caíamos exhaustos.
La Segunda Aparición del Ángel de Portugal
Durante el verano de 1916 los tres primos estaban jugando en el calor del día en el
jardín cerca del pozo detrás de la casa de los Santos en Aljustrel. Lucía describe
cómo el ángel se les apareció una vez más, regañándoles por su falta de seriedad
espiritual.
De repente vimos al mismo ángel cerca de nosotros.
¿Que estáis haciendo? Teneis que rezar!. Rezar!. Los corazones de Jesús y María
tienen designios Misericordiosos para vosotros. Debeis ofrecer vuestras oraciones y sacrificios a
Dios, el Altísimo.
¿Pero cómo nos debemos sacrificar? Pregunté.
En todas las formas que podais ofrecer sacrificios a Dios en reparación por los pecados
por los que Él es ofendido, y en suplicación por los pecadores. De esta forma vosotros
traereis la paz a este país, ya que yo soy su ángel guardián, el Angel de Portugal.
Además, aceptad y soportad con paciencia los sufrimientos que Dios os enviará.
Esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo el primero en ellos. Francisco,
quien a lo largo de las apariciones del ángel y de nuestra Señora podía ver pero no
escuchar, no tuvo éxito en obtener de las niñas las palabras que el ángel había dicho
hasta el próximo día. Lucía nos dice:
Las palabras del ángel se sumieron en lo profundo de nuestras almas como llamas
ardientes, mostrándonos quien es Dios, cual es su Amor por nosotros, y cómo Él quiere
que nosotros le amemos también, el valor del sacrificio y cuanto Le agrada, cómo El lo
recibe para la conversión de los pecadores. Es por eso que a partir de ese momento
comenzamos a ofrecerle algunos sacrificios que nos mortificaran.
La Tercera Aparición del Ángel de Portugal
Lucía no está segura de cuando ocurrió la tercera aparición del ángel. Ella cree
recordar que fue a finales de Septiembre u Octubre de 1916. Habiéndose dirigido a Cabeço
con sus rebaños, y estando más atentos a las palabras del ángel, ellos se arrodillaron
inmediatamente para orar la oración que les enseño el ángel: Dios mío, yo creo en ti,
yo te adoro…etc.
Después de haber repetido esta oración no sé cuantas veces vimos a una luz extraña
brillar sobre nosotros. Levantamos nuestras cabezas para ver que pasaba. El ángel tenía
en su mano izquierda un cáliz y sobre él, en el aire, estaba una hostia de donde caían
gotas de sangre en el cáliz. El ángel dejó el cáliz en el aire, se arrodilló cerca de
nosotros y nos pidió que repitiesemos tres veces:
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente, y os ofrezco
el precioso cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo, presente en todos los
tabernáculos del mundo, en reparación de las ingratitudes, sacrilegios e indiferencia por
medio de las cuales Él es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y
por el del Inmaculado Corazón de María, os pido humildemente por la conversión de los pobres
pecadores.
Después se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia. La hostia me la dio a mí
y el contenido del cáliz se lo dio a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:
Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo terriblemente agraviado por la
ingratitud de los hombres. Ofreced reparación por ellos y consolad a Dios.
Una vez más él se inclinó al suelo repitiendo con nosotros la misma oración tres
veces: Oh Santísima Trinidad…etc., y desapareció. Abrumados por la atmósfera
sobrenatural que nos envolvía, imitamos al ángel en todo, arrodillándonos postrándonos
como él lo hizo y repitiendo las oraciones como él las decía.
Fue de esta forma en la que fueron catequizados en oración, sufrimiento por reparación,
y en la doctrina de la Santa Eucaristía, y fortalecidos por el Pan de los Angeles, como los
niños de Fátima fueron preparados para la visita de la Reina de Portugal, la Inmaculada
Virgen María.
Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de junio de 1917
En Portugal, el trece de Junio es una gran fiesta, la fiesta de San
Antonio de Lisboa,
conocido comúnmente como San Antonio de Padua. Este milagroso
franciscano nació
en Lisboa y había entrado a la vida religiosa como un Canónigo Ragular
de la Santa Cruz,
residiendo primero en Lisboa y después en Coimbra antes de dejar la
orden Portuguesa, para
ingresar a la nueva orden de Hermanos Franciscanos Menores y esperar el
martirio en tierras lejanas de misión. Esta fecha citada del 13 de
junio, era y es,
la fiesta de los niños en Portugal, de manera que los padres de Lucía
naturalmente
pensaron que las festividades de la parroquia de Fátima distraerían a
Lucia de su cita
en Cova. Sin embrago, no afectada por esta táctica Lucía y los Marto
procedieron a ir al
sitio de la aparición para cumplir con su cita al mediodía.
Cuando ellos llegaron vieron que había una pequeña multitud esperándolos.
Después de haber recitado el rosario con Jacinta y Francisco junto con las personas que
estaban presentes, vimos otra vez, el reflejo de luz que se nos acercaba (solíamos decir
que eran rayos) y después, a Nuestra Señora en el roble como en mayo.
" Por favor dígame, Señora, ¿qué es lo que quiere de mi?"
Quiero que vengais aquí el día trece del mes que viene. Quiero que continúeis diciendo el
Rosario todos los días. Después de cada misterio, hijos mios, quiero que receisn de esta
manera. "Oh mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del
infierno. Lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu
Divina Misericordia". Quiero que aprendais a leer y a escribir, y luego os diré que
más quiero de vosotros.
"¿Nos llevará al cielo?"
Si, me llevaré a Jacinta y a Francisco muy pronto, pero tú te quedarás un poco más, ya
que Jesús desea que tu me hagas conocer y amar en la tierra. Él también desea que tú
establezcas devoción en el mundo entero a mi Inmaculado Corazón.
"¿Debo permanecer en el mundo sola?"
No sola, hija mía, y no debes estar triste. Yo estaré contigo siempre, y mi Inmaculado
Corazón será tu consuelo y el camino que te llevará hacia Dios.
En el momento en el que ella dijo las últimas palabras, abriendo sus manos, Ella nos
transmitió por segunda vez, el reflejo de esa luz intensa. En ella sentíamos que
estabamos sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz
que se elevaba hacia los Cielos, y yo en la parte que se derramaba sobre la tierra. En
frente de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón rodeado de
espinas que parecían clavársele. Entendimos que era el Inmaculado Corazón de María
ofrecido por los pecados de la humanidad, deseando ansiosamente reparación.
La aparición luego terminó como en la primera ocasión, con la Señora elevándose hacia
el este y desapareciendo en la "inmensidad de los cielos".
A pesar del gozo de esos preciosos momentos el dolor de los niños continuó las
siguientes semanas, moderado por la creencia de muy pocos de los presentes en Cova ese
día. Ellos sabían que algo inusual había ocurrido – vieron los "rayos",
algunos percibieron un cierto oscurecimiento del sol, otros una pequeña nube gris que iba
y venía mientras ocurría la aparición y ellos creyeron. Sin embargo, las dificultades
con sus familias no cesaron, especialmente con sus madres, quienes estaban verdaderamente
alarmadas ya que los eventos no sólo continuaban sino que más bien se expandían. A
ésto se le añadió la ardua cautela del párroco, que sospechaba que después de todo
esto fuera a ser real, pero de del demonio.
Aparición de la Virgen de Fátima del 13 de Julio de 1917
Mientras se acercaba la fecha de Julio, Lucía continuaba turbada por las palabras de
su párroco que advertía que el diablo podría estar detrás de estas apariciones.
Finalmente, ella le confió a Jacinta que su intención era de no ir. Pero cuando el día
finalmente llegó, sus miedos y ansiedades desaparecieron, de manera que a las doce
estaba en Cova con Jacinta y Francisco, esperando la llegada de la bella Señora.
La aparición del 13 de julio probó ser en muchas formas, la parte más controvertida del
mensaje de Fátima, proveyendo un secreto en tres partes que los niños guardaron
celosamente. Las primeras dos partes, la visión del infierno y la profecía del futuro
rol de Rusia y cómo prevenirlo, no serían reveladas hasta que Lucía las escribió en su
tercer diario, en obediencia al obispo, en 1941. La tercera parte, comúnmente conocido
como el Tercer Secreto, fue más tarde comunicado al obispo, quien lo envió sin leer al
Papa Pío XII.
Unos minutos después de haber llegado a Cova da Iria, cerca de la encina, donde un gran
número de personas estaban rezando el Rosario, vimos un flash de luz una vez más, y un
momento después Nuestra Señora se apareció en la encina.
"Lucía", dijo Jacinta, "habla". La Señora te está hablando".
"¿Si? Dijo Lucía. Ella habló humildemente, pidiendo perdón por sus dudas con
todos sus gestos, y le dijo a la Señora "¿Qué queréis de mi?
Quiero que vengais aquí el día trece del mes que viene. Continúeis rezando el Rosario
todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo y el
final de la guerra, porque sólo el rosario puede obtenerlo.
"Sí, Sí".
"Yo quisiera preguntarle quién es usted, y si puede hacer un milagro para que todo
el mundo sepa a ciencia cierta que se ha aparecido"
Debéis venir aquí todos los meses, y en octubre yo te diré quién soy y lo que quiero.
Después haré un milagro para que todos crean.
Por tanto segura de lo que hacía, Lucia comenzó a poner ante la Señora las peticiones
que todos le habían confiado. La Señora dijo muy gentilmente que ella curaría a
algunos, pero que a otros no los curaría.
"¿Y el hijo paralítico de Maria da Capelinha?"
No, no será curado ni de su enfermedad ni de su pobreza, y debe de asegurarse de rezar el
Rosario junto a su familia todos los días.
Otro caso encomendado por Lucía a la Señora fue el de una mujer enferma de Atougia quien
pidió que se la llevaran al cielo.
Dile que no tenga prisa. Dile que yo sé muy bien por qué, y cuando yo vendré a buscarla.
Haced sacrificios por los pecadores, y decid seguido, especialmente cuando hagais un
sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en
reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.
Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo
había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y
vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en
forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado,
flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos
mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes
fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que
nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. (debe haber sido esta visión la que
hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por
su similitud aterradora y repugnante a horrorosos animales desconocidos, negros y
transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia
Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:
Habeis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si vosotros haceisn lo que yo os diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando veais una noche que será iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió el 28 de Enero de 1938) sabreis que ésta, es la señal que Dios les dará y que indicará que está apunto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y con la persecución de la Iglesia y del Papa.
Para prevenir èsto, vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi Inmaculado
Corazón, y pido que los primeros Sábados de cada mes se hagan comuniones en reparación
por todos los pecados del mundo. Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá
paz, si no, Rusia repartirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y
persecuciones a la Iglesia, los justos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que
sufrir mucho, ciertas naciones serán aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón
triunfará. El Santo Padre consagrará a Rusia a Mi Inmaculado Corazón, y esta será convertida y el mundo
disfrutará de un período de paz. En Portugal la fe siempre será preservada…. Recordad, no debeis decirle esto
a nadie más que a Francisco.
Cuando recéis el Rosario, decid después de cada misterio: Oh mi buen Jesús,
perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, especialmente a las más
necesitadas de tu Divina Misericordia.
" ¿Hay algo más que quiera de mi?"
No, no quiero nada más de ti hoy.
Luego, al igual que antes Nuestra Señora comenzó a ascender hacia el Este, hasta que
finalmente desapareció en la inmensa oscuridad del firmamento.

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